José Antonio Santano | MADRE LLUVIA

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Madre lluvia en estanques
de verdosa mirada
de la casa en la sala,
el sillón de orejeras
que dormita los sueños
de otra vida pretérita
cuando el tacto en sus manos
en los campos buscaban
el color de las flores
y el rumor de los vientos,
cristalinas las aguas
en lluvia bautizada
regadora de almas
de maldad curandera
madre lluvia tu savia.
 
***
 
Pertinaz lluvia madre
en el trino del pájaro
en el patio y las flores
enredadas al aire
que la voz enmudece
en la copa del árbol
y las manos extienden
a lo alto del cielo
donde arcángeles duermen
y la luna se acalla
tal si fuera un silencio
que se abisma al infierno
de otro tiempo de paz
ya en las calles tranquilas
que los hombres pasean
en las tardes de otoño.
Caminantes al cine
bien asidas las manos
las parejas amantes
en su huida a los sueños
del matiné la hora.
Y más tarde los novios
en lo oscuro abrazados
de las últimas filas
cuando Él nunca muere
porque siempre es el héroe
y Ella dama beldad
que a la luz hermosea.
Madre lluvia en las nubes
trascendida en el tiempo
de la vida que fluye
por el piso en bonanza
a la mesa en familia
todos juntos en calma
de crecer cada uno
en los signos del agua.
Para luego al regreso
nuevos soles y vidas
de leyenda en las noches
de calumnias e injurias
siempre alerta en tragedia
que de nuevo a la casa
en luz y llama vuelve
y un dolor insufrible
por el tiempo se expande
en otoños de lluvia
que la muerte retiene
definitiva, eterna.
En los hijos la tarde
de campanas que tañen
melodías de muerto
y ya nunca detienen
su cantar lastimero
en los días de lluvia
de ataúd de madera
camino al camposanto
y el silencio tal agua
misteriosa en las tumbas
y las rosas de plástico,
los retratos en tierra
van marcando el sendero
del esposo el entierro
la verdad del ausente
de vuelo hacia las nubes
por las blancas paredes
por los níveos silencios
de la carne en cenizas
donde nombres no existen
sólo lluvia en las tumbas
feroz lluvia de huesos
bajo losas de tierra
en mudez abisal
que se adentra en los ojos
de una cripta sin almas
nunca más ultrajada
van quedando los años
como el humo suspiro
que se pierde en la estancia
del sillón de orejeras
tras el hueco del aire
en los mármoles fríos
de la casa el ausente
y es un grito vacío
en los muebles oscuros
de la sala lejana
en la puerta palabras
que las noches de estío
se tragaron de un golpe
de regreso a la lluvia.
Madre lluvia de otoño
que florece el olivo
en los dedos del cielo
más allá de los mares
ya vencidos los sueños
caerán los silencios
en los siglos la historia
de un amor que no exige
sino amor en la entrega
de la luz en la luz
en su hondura de sombra
que a la noche somete
rojas rosas de lluvia.
 
***
 
Madre lluvia despierta
del aroma en naranjos
en las calles de siempre
cuando abril es tristeza
de la muerte cercana
de la casa en la esquina
de regreso a otros labios,
cuando todo se acalla
y el recuerdo insistente
acuchilla el futuro
y lo escupe certero
sobre el cuerpo sentado,
la cabeza caída
el sillón de orejeras
sobre el pecho los brazos
tan dormidos los ojos,
soledad en el rostro
y en penumbra la voz
cuando octubre agoniza
en la mesa camilla
y el retrato relumbra
las edades que fueron
anteriores al caos
de un amor imposible
que al tic tac del reloj
las paredes alcanza
de la sala los sueños
la quietud de los dedos
sobre el vientre soldados.
Ya no existe el paisaje
de los campos de olivos,
solo el triste recuerdo
de una tarde de otoño
que en la muerte fue sino,
desde entonces la casa
en silencio resiste
el venir de los años
soledades cuchillo
y en la piel las arrugas
como ríos cautivos;
las pastillas dispuestas
en la mesa y el agua
habitando la espera
en amargos sonidos
de la humana jauría
devorándose a insultos
en la televisión:
cegadora de luces
pesadilla que asola
las tardes de otoño
en la sala sombría
abismada en la nada,
en los años vividos
al calor de los hijos
en las gotas de lluvia
redentoras de vida
cuando ya resta poco,
en seriales de radio
de Sautier Casaseca
Ama Rosa y el llanto
en la hora primera
de una siesta continua
cuando todo se apaga
y el silencio se hospeda
en la luz de las sombras
o en las manos que bordan
en azul bastidor
las certezas del día.
Cuando ruge el pasado
en la sala vacía
y es el tiempo enemigo
de la voz y las risas
y en el rostro la huella
de la lluvia incesante
en las noches violentas.
Madre lluvia fulgor
que no muere jamás
donde siempre germina
una mano caricia
o el verdor de unos labios
que recorren la tierra
y las nubes de seda
allá lejos de todo:
de los ojos cansados
cuando vuelve la vida
a sellar los recuerdos
que en secreto la sala
cada día va guardando
en la hondura del sueño
de un estío que no llega
de una calma que hiere
y se antoja de muerte
cada vez que se mira
en la piel del espejo;
pero ya solo anhela
el regreso al sillón
de la sala en abrazo
de las horas monótonas
en tic tac de relojes
que acuchillan el aire
en las noches oscuras:
la cabeza caída
madre lluvia corriente
lluvia clara de otoño.
 
***
 
Madre lluvia tu nombre
entre gotas de lluvia
golpeando ventanas
corazones ausentes
cuando mudos los ojos
acarician las nubes
que la tarde dibuja
en el ángulo oscuro
de una sala silencio
y un sillón de orejeras
los cabellos nevados
la sonrisa en el aire
de los dedos la artrosis
una herida profunda
en la rosa marchita
los recuerdos que sangran
y en la hora más negra
los cuchillos se clavan
como música antigua
y la casa es infierno
en la ausencia y la carne
de ese vuelo infinito
al abismo nutriente
de la muerte y la nada
que al abrigo del tiempo
a la tierra enardece
en la impía frontera
de un eterno sollozo
que al sueño despierta.
Madre lluvia tu nombre
cada día como el pan
alimento de lluvia
de un otoño infecundo
cuando solas las aguas
en la mar son herida
que los años invocan
pero ya no hay salida
que nos lleve al edén
de las risas primeras
cuando todo era luz
en los campos de olivos
y en los ojos el agua
avivando la tarde
repicar de campanas
y en la sala el vacío
invisible a la lluvia
a su tacto de diosa
a su muerte imposible
por la puerta cerrada
de su nombre la espera
el perfume de rosas
que la tierra sea leve
un enorme silencio
una lágrima inmensa
en los labios del aire
que me trae sus aromas
de mujer madre lluvia
y el sillón de orejeras
que en la sala no existe,
la cabeza caída
sobre el filo del sueño
una siesta profunda
en las venas ya mustias
por venir el desierto
de los pasos a golpes
en negror del asfalto
de las horas urgentes
en la voz del silencio
atrapado a los muros
de una casa encalada
en la esquina del tiempo
cuando fueron las lluvias
en la calle humedal
de una senda secreta
conjurada en su nombre.
Sin embargo es ahora
cuando todo es neblina
y los versos guadaña
que vacía la sala
y el retrato una sombra
muy adentro en la sangre
y su voz todavía
una luz infinita
que se agolpa en las sienes
y me nombra los nombres
de otro tiempo aviejado
en las gotas de lluvia
que incesantes destilan
soledad en el rostro,
la cabeza caída
moribunda la tarde
en otoño de lágrimas
poco a poco cayendo
sobre las blancas manos
de la tierra al abrigo
en un día cualquiera.
Para siempre el silencio
la invisible mirada
esa música sorda
de las gotas de lluvia
que monótonas caen
en los ojos cansados
y en la luz de los labios
madre lluvia la vida.
 

 
Plegaria
 
Madrenuestra que habitas
en el aire y la rosa
toda tú en los campos
en el agua de lluvia
en la aurora celeste
en la música clara
de la luz en los sauces
de regreso a la tierra
una tarde de enero
en las nubes grisáceas.
Madrenuestra de lluvia
Madre Lluvia la vida.
 

 
Epílogo
  
Nuevamente la lluvia por su pálido rostro
en rumor de silencios y una leve sonrisa.
 

 

José Antonio Santano (Baena, Córdoba, España, 1957), cultiva la poesía, narrativa, ensayo y crítica literaria. Es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Almería, y autor de más de 20 libros, entre los que destacan: Profecía de Otoño. Premio Internacional de Poesía “Barro”. (Sevilla, 1994); Exilio en Caridemo. Premio Ciudad de El Ejido de Poesía 1995 (IEA, Almería, 1998), Íntima heredad. Accésit Premio Internacional de Poesía “Rosalía de Castro”,(Endymion, Madrid, 1998), La piedra escrita (Alhulia. Salobreña, 2000), finalista Premio Nacional de la Crítica 2000, Suerte de alquimia (Alhulia. Salobreña, 2003), finalista del Premio Andalucía de la Crítica 2003, Trasmar, de narrativa (Alhulia, Salobreña, 2005), Premio Andalucía de la Crítica “Ópera Prima” 2005Las edades de arcilla (Alhulia, Salobreña, 2005); Razón de ser. X Premio Internacional de poesía “Luis Feria” 2008, Caleidoscopio (IEA, 2010), Estación Sur (Alhulia, 2012), Tiempo gris de cosmos. Premio Gremio de Libreros de Almería al mejor libro de poesía 2014, (Nazarí,Granada, 2014), Memorial de silencios. Ediciones en Huida (Sevilla, 2014), Los silencios de La Cava (Alhulia, 2015),  La voz ausente (Alhulia, 2017), Lunas de oriente (Ediciones Dauro, 2018) y Cielo y Chanca (Alhulia, 2019), Tierra madre (Alhulia, 2019 Premio Poesía José Antonio Ocahita, 2017-Guadalajara) y Marparaíso, (Diputación de Córdoba, 2019. Premio Internacional de Poesía “Rosalía de Castro 2019”. Como antólogo publicó “Antología de Poesía Iberoamericana Actual”. Ex libris, 2018.
Textos suyos han sido traducidos al catalán, euskera, gallego, inglés, francés, italiano, búlgaro, rumano, ruso, alemán, portugués, griego, árabe y chino.
Actualmente es miembro de la Asociación Española de Críticos Literarios y de las Juntas Directivas de ACE-A (Asociación Colegial de Escritores de España, Sección Autónoma de Andalucía) y AAEC (Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios).
Asimismo es cofundador de Humanismo Solidario y miembro de la junta directiva de la Asociación Internacional Humanismo Solidario. Ha participado en dos ocasiones en los Encuentros de Poetas Iberoamericanos, que se celebran en la ciudad de Salamanca.

 

 

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