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La caricia del guante
Mano de mi sueño del alba
mano aliento en las horas peores
en la lengua más húmeda
y en su sabor espeso
mano escombro para cerrar mis ojos
mi palpitación inextinguible
mano así para el fruto que cae
mano final
hermosa mano errante tuya.
En Maneras de volver
Cierran mis ojos y no miento
Una mano de tiza que pronto buscará
el puñal de la discordia
sus dedos de escualo me acarician
con el arrepentimiento del verdugo
al ajustar la soga
escasa de afecto
una mano de ayer que todo desconoce
su palma transpira
el pulcro hedor de los quirófanos
y un aroma difuso con rastros de vainilla
a través de mis párpados ya oscuros
observo su estrategia
el exquisito celo con que avanza
separando sus yemas de mi aliento
apagando la luz
para cerrar mi historia
una mano postrera que no es tuya.
En Las cartas que debía
Para que nadie olvide el tamaño de su miedo
En un sueño caben todas las palabras
que nunca pronunciaste
y el decoro de haberlas olvidado
cuando se hizo la luz
niño crucial
mujer al son de todas
joven almado con estatura suficiente
hombre que nace en su coyunda fértil
dispuestos a vestir la carne que les llama
pues todo empieza ahora
en la axila un trueno
en la boca cien semillas precintadas
en la espalda liviano el peso de su nombre
y abajo
zurcido el pantalón
junto a la pelvis anhelante
alzado en su escote el pregón de las discordias
un fruto escondido
una espina crucial enarbolada
un testimonio accidental definitivo
tú a la espera
atónito de hombros
todavía inguinal superlativo
en el caldo nutricio que te acoge
pues todo empieza ahora
y siempre será el silencio la única respuesta
cuando proclames exigente
que el aire que respiras
las manos con que amas y el cielo que te cubre
son tu manera de estar alzado entre las cosas
que sólo para ti
futuro perdedor de cuanto tienes
fue trazada la dimensión del agua
y el espanto azul de la estrellas
pues todo empieza ahora
aunque lejos resuene indiferente una carcajada
al comprender que apenas fuiste
un liviano envase desechable
burbuja que por brillar estalla
una costura
en la arpillera universal del frío.
En Ácido almíbar
Lo mejor de cada casa
Acéptame cartier niña swaroski te decía
escombro y jaramago salobre silicona
terraza con soda y mudo cabecero
pon en mi boca
tu lengua salgari adelantada
tigre que cruza mi desván
cañón de la discordia
desnúdame dior
viste mi pierna serie B con cinco estrellas
sonrisa baby doll para la gloria
convoca el apetito
tengo a los tártaros abajo
y un lírico gourmet aguarda en mi cocina.
En No eres nadie hasta que te disparan
Algunos figurantes con frase en mis poemas
Cada ultraje en la escuela propinado
al corazón de tiza
la seráfica influencia de los desaparecidos
los que nunca llegaron
por vivir con lo puesto a su medida
la umbría y el fulgor
sus cinco pecas pálidas
el sistema binario del silencio
los cero grados kelvin
en cuanto caen dos gotas
la mente universal
en papel ecológico cuché
ceder o enamorarse
y de postre un golpe de estupor
párvula quietud que con el día llega
luciendo en su badajo un sonajero
aquí estamos a salvo
que diría un buen poeta.
Inédito
Rafael Soler (Valencia, España,1947) es poeta, reconocido y premiado narrador, profesor universitario y Vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores de España ACE. Ha publicado cinco libros de poesía: “Los sitios interiores” (1980, accésit del Premio Juan Ramón Jiménez), “Maneras de volver” (2009), “Las cartas que debía” (2011), “Ácido almíbar” (2014, Premio de la Crítica Literaria Valenciana) y “No eres nadie hasta que te disparan” (2016), así como las antologías “La vida en un puño” (2012) y “Leer después de quemar” (2018). Autor también de seis novelas y dos libros de relatos. Ha sido invitado a leer sus poemas en más de quince países, y libros suyos han sido publicados en Hungría, Japón, Italia, Estados Unidos, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Perú.