Calú Cruz | EPICENTRO DALÍ

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“La existencia de la realidad es la
cosa más misteriosa, más sublime y
más surrealista que se dé” 
 
Salvador Dalí

 

            Partamos del hecho de que un elefante no puede sostenerse sobre cuatro patas largas de zancudo y es poco probable a menos, claro, que estas patas estén enraizadas al mismísimo núcleo terrestre a través de conexiones de alambre ancestrales. Siendo así, sus patas serían una extensión capaz de mantenerlo erguido en una metafísica gravitatoria de otra dimensión distinta a la conocida.

            De este modo el elefante tendría un peso similar al de una pompa de jabón y sus extremidades serían tremendas varillas con la facultad de levantar cualquier estructura viva o inerte, es decir, a las vibraciones holográficas que realmente es el elefante. ¿Cuál es el peso del aura o la visualización de un significado?

            Ahora, quite la fuerza de atracción a todo lo que conoce y suponga que lo más pesado de esta tierra tuviera esa capacidad de flotar en el espacio... ¿Tendríamos un mundo al revés o el mismo, pero desde otra perspectiva? Si así fuera, el elefante podría bailar sobre una palmera o incluso sobre una astilla y si la pesadez de una herida tuviera la misma característica está haría de núcleo terrestre para el planeta.

            Si nos quedáramos solo con una posibilidad de un asunto tan preocupante como este del elefante y su imposibilidad de elevarse, ¿dónde queda el origen de lo desconocido y todo lo que subyace? ¡En la cosmogonía!  En un sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar… ¡En la cosmogonía! 

 

—Primer parpadeo—

 

            Una intenta trabajar… Saca sus llaves de la bolsa del pantalón, lee el rótulo que cuelga en la puerta de su oficina y que dice “Horario de atención para padres…”, ahora se ve de forma distorsionada “HoRaRiO de ¡Atención, PADRES!”. 

Una vez abierta la oficina escucho el plomazo. Camino hacia el escritorio, arrimo la silla, me siento y de nuevo el plomazo. Tomo los apuntes dejados sobre el escritorio, los acomodo entre las manos sin ningún orden, ya nada tiene orden o sentido… nuevamente el estruendo. 

            Tiro los apuntes asustada, y ahora acomodo cuatro lápices que tenía dentro del cráneo de un elefante —hay adornos de porcelana que son meros delirios chinos—. Invierto el conjunto de forma tal que el elefante pareciera tener algo así como patas de zancudo ¡Todo estalla!... Ahora cierro los ojos…

            Y solo por un segundo los abro y hay una infinidad de saltamontes que avanzan levantando sobre sus cabezas algo similar a sirenas policiacas… brincan… los miro horrorizada ¡les temo! Los crucifijos de sus pechos palpitan, pero para mi suerte desaparecen entre una nube cerca del ojo superior que había dilatado su pupila por solo un segundo.

            Antes bien, uno de los saltamontes había gritado fuertemente y su grito se hizo rugido de tigre hambriento; uno que asustó a mis dos amados cisnes ¿Mis cisnes?, pues sí. Uno sale con el otro de la mano que ya había graznado desafinado, llevaba su caperuza roja torcida: acto irreparable para un cisne que con los “patitos feos” no quiere nada.

            Me tiro al suelo, gateo y me escondo bajo el escritorio. Es un rugido muy fuerte y me falla la vista. Bajo el escritorio de Lorca donde secreteamos nuestro destino sale un acorde antes no tocado por cuerda bucal humana… yo estoy buscando su fuente y hallo a un enloquecido tocadiscos mordiendo letras que, como de pluma, caen al suelo y comienzan a adormecerme con su… comienzan a adormecerme con su…

 

                 “¡Ya viene el cortejo!
¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines. 
La espada se anuncia con vivo reflejo; 
ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines”

 

            …Me pesan los ojos y no encuentro a mi Santa María de los rezos. Desorbito la mirada buscando el tentador fruto de la razón, me acicalo el bigote en la nada —y me sorprendo que una mujer lo tenga y esa sea yo.  Y vienen los altoparlantes que se fueron apilando sobre los cadáveres de la esquina. Hay muertes exhibicionistas en el desayuno, durante el almuerzo y la cena.

            Se oye como si un perro triturara los huesos de su plato de comida, a intervalos escucho gritos ecualizados. Sí, gritos azules que se difuminan según la posición del sol… Un sol ardiente…

 

—Segundo parpadeo y mirada hacia el reloj—

 

Tic-tac, tic-tac…

Tic-plag, pluig-tluag…

Tluig-plag, pluig-pluag…

            Se derriten las frondas lejanas. Lo tangible se escurre hasta entre los dedos de cualquier millonario, porque no se amasa y no se posee en lo surreal ¡A nadie le importa cuánto dinero valga tu pellejo! Es imposible esconder que el cajón nos aguarda bajo la tierra: la vida no será, luego, más que la persistencia nuestra en la memoria de otros. Me tengo miedo joven, pero más miedo me tengo como niña y eso que no lo soy. Siempre quise ser algo similar a Dalí el grande, algo así como un Carlomagno; pero en versión mujer.

            La inocencia es digna de escarmiento porque de ella se aprovechan los ávidos. Me envuelvo la mano con el tapete del escritorio y con él, el segundero. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Por eso le tengo miedo a los niños, o a los ángeles con sus mantillas blancas ¡Un niño!, ¡auxilio!

            Ya había retumbado el rayo cerca de mis aves y quemó a mi cisne, el de caperuza roja que se vistió por completo de rojo: uno de los dos, porque el otro se vistió de negro. Fueron llegando los cuervos y las hienas, los primeros con los demonios en su mirada  eso lo sabe Poe y los otros de cuello de jirafa para engullir lo más posible. Una rueda de prensa sobre mi cisne, un breve recuento de sus plumas dejadas al aire… el inventario minimalista tratado desde la óptica del carnicero.

            Una pluma, dos plumas, tres plumas… Todos se preguntan a quién se le ocurre ponerle una caperuza a un cisne ¡A quién le importa! Solo quiero que le den sepultura bajo mi museo porque yo lo vi pequeño, porque lo vi grande y tiene una, dos, tres plumas... Me doy cuenta de que nunca había rememorado tantas hermosas anécdotas  de mi cisne, plumas que al palparse frías se vuelven tornasol en la inmortalidad de la imagen.

 

—Tercer parpadeo—

 

            Supongamos que un hombre no debe sufrir la muerte de su Galatea, y que el suelo debe ser como la espuma del mar que tiene dedos de pianista. Galatea no debería tener sexo, porque Galatea es mi cisne con su caperuza roja… Nada que se precie está hecho de sexo, sino de esencia.

            Fotos de su pata derecha, de su ojo izquierdo, y el ala derecha… Fotos saliendo del cascarón, de sus primeras plumas de prisma triangular o pintado como el cisne de las esferas. Las pinturas que parecen fotos no son cuadros porque no traen consigo el ojo divino, el de Dalí.

            Y en el cajón de los estúpidos que si esto o lo otro, y en las repetidoras el eco de un solo nombre como eterna letanía, como si ya no fuera suficiente...

            Me baja desde el pecho y hasta el pie, algo parecido a un coágulo de sangre y sigo apresada al suelo sobre mis rodillas donde un águila me busca el líquido rojo y me picotea. Y Orotina sigue en un tenebroso silencio sepulcral en todos sus rincones. Ahora escucho el quebranto de mis rodillas como espejos lanzados desde el infinito y empiezan a violentarse las capas terrestres, y con ellas las placas tectónicas mecidas como una marea hambrienta de más hombres.

            Soy llevada por algo que no es mi propia voluntad, sino el deber. Arrastrada hasta donde se me necesita cuando la necesitada verdaderamente soy yo…

 

—Cuarto parpadeo—

 

            Estamos reunidos en la sala de profesores. Trajimos a los estudiantes acá, aunque la verdad es que también llevamos el estandarte del miedo en nuestros rostros, el de la sorpresa y el infortunio: todo esto en nuestra piel emblanquecida por dentro y por fuera.

            El universo gira en el interior de cada uno y se proyecta en temblores visibles. Yo misma estoy temblando y comienzo a ver cómo se difuminan los tonos confusos de sus camisetas en una estancia por ratos color vino y, por otros, rosada como la piel de un niño.

            Todo esto hasta que, por fin, encontramos —o mejor dicho ENCUENTRO— el monstruoso y necesario valor para abrir la boca…

            —Todo estará bien, jóvenes… tranquilos… tranquilos…

            De mis labios brotaron palabras que mi ser se niega a creer, porque para ser sincera ya nada puede estar bien: ni la inocencia o el recuerdo, ya no creo en esa falsa quietud que nos cobijaba y que engañosamente pareciera puerto seguro. No puedo sentirme positiva, porque yo misma soy vulnerable y qué decir si yo también soy humana y la muerte no me es indiferente.

 

Quinto parpadeo

 

            ¿Dónde queda el origen de lo desconocido y todo lo que subyace? ¡En la cosmogonía!, porque debemos partir del hecho de que un elefante no puede sostenerse sobre cuatro patas largas de zancudo, del mismo modo en que las fibras humanas no son importantes cuando de mercar con la muerte se trata:

 

“Personeros del OVSICORI identificaron el epicentro un 18 de julio del 2011 en las instalaciones del Colegio Técnico Profesional Ricardo Castro Beer en Orotina”.

 

            Y en esa nota anterior yace el génesis, y como dije anteriormente, este origen parte desde un sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar…

            Cuando nos queda la imagen en nuestras mentes de un carismático joven que bailaba folklor con una gran sonrisa en su rostro y la idea del trayecto prometedor que hubiese sido su vida, es decir, todo aquello que era fácil de visualizar antes del aterrador desplome de su cuerpo en aquella aula gris del colegio Ricardo Castro Beer.

 

—La lágrima y el último parpadeo

  


 

Óscar Leonardo Cruz Alvarado

(Calú Cruz)

Alajuela, Costa Rica, 1987

 

Nació en Tuetal Sur de Alajuela. Es narrador, poeta, docente, gestor cultural, Presidente y Coordinador del Colectivo Cultural Birlocha y de la Birlocha Literaria, ambos de Orotina. Además, es Coordinador por la provincia de Alajuela para la Unión Hispanomundial de Escritores y, actualmente, ha sido designado como Director Ejecutivo, Embajador Cultural Itinerante y Embajador Emérito Colegiado por la Confederación Latinoamericana de Escritores, Artistas y Poetas del Mundo (CONLEAM), con sede en Argentina.

Calú es el organizador del Certamen Literario Luis Ferrero Acosta y ha escrito tres libros de cuentos: “Cuentos de mamá muerte”, (2012), “La corrosión de los entes”, (2016) y “El eco de los durmientes” (2018). Ha participado en las antologías “Vía 28” y “Nueva poesía costarricense”. Sus obras han estado a la venta en estanterías estadounidenses, nicaragüenses, uruguayas y en las librerías más relevantes de Costa Rica. Además, fue el Coordinador designado por Costa Rica para la Antología Centroamericana dedicada al Bicentenario de la Independencia.

 

Aspectos académicos: 

  • Máster en Currículo y Administración Educativa.
  • Licenciado en Evaluación, Educación de Adultos y en la enseñanza del Español. 
  • Bachiller en I y II ciclo y en la Enseñanza del Español  

 

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