Comparte


 
RIGOR MORTIS
 
El humano muere constantemente, pero en ocasiones especiales, escúcheme bien, ocasiones realmente especiales, VIVE.
Suena a una tremenda paradoja, pero es la manera más sencilla que encuentro de explicárselo.
 
O no sé cómo le llamaría usted a la infravaloración de los privilegios básicos como techo y comida, al desperdicio de tiempo constante al que nos sentencian los aparatos, el poco interés que damos a los que están a nuestro lado y a nosotros mismos; al ser cada vez menos capaces de sentir con pureza cualquier emoción que le compone.
 
¿Cómo le llamaría entonces? No hay de otra: MUERTE.
 
Y es que no hay cosa que a mí me dé más miedo que morir después de no haber estado viva ¿Me entiende?
Lo más triste de esto que le cuento es que si se detiene ahora de cualquier cosa, de veras cualquiera que esté haciendo, se dará cuenta de la obviedad que más ignoramos:  TODO.
 
AQUELLO QUE SE HA DADO EL LUJO DE DESPERDICIAR NUNCA LO RECUPERARÁ. Sepa que no es el único, somos mayoría.
 
Mire que si en el cumpleaños solo nos contaran el tiempo que hemos vivido realmente y yo hiciera un recuento desde mi nacimiento hasta ahora... sería apenas un infante, y digamos que uno algo triste y arrepentido.
Que ganas de VIVIR le dan a uno cuando más lo tiene complicado ¿verdad? En la enfermedad, en el rigor mortis de algún familiar, una despedida; la carencia... es cuando queremos aprovechar a todo y a todos los que no aprovechamos en tantos años ¡que tierno!
 
Vaya tontería.
 
Eh pues, no le quito más el tiempo, amigo; seguro tiene cosas que pasar desapercibidas.
 

 
DE INTENTOS, ADHESIÓN Y DESPEDIDAS
                              
‹‹No te deshaces de los pensamientos, los pones en background. Con un poco de atención y mala o buena suerte (según la perspectiva) los escuchas de banda sonora en las actividades a lo largo del día››.
 
El ave se prometió a sí misma seguir volando cada vez que intentaran cortarle las alas, volar con más fuerza y precisión. Que en las tardes de lluvia iba a esperar ansiosa el arcoíris y después emprendería de nuevo el vuelo disfrutando del petricor.
 
"Cuando ya no sea tu lugar, vuela" le dijeron al ave, y el ave sólo podía pensar en la supervivencia del más apto, e insegura, muy insegura, se quedó.
El mejor consejo que recibió en la huida de un incendio forestal, con los ojos inundados de lágrimas, mientras abandonaba a los animales que no poseían alas, sin quererlo, pero teniendo que hacerlo; fue: "Lucha hasta el último momento, incluso en batallas que con certeza están perdidas, sólo para quedarte con la conciencia tranquila de haber hecho todo lo posible".
 
Otros decían “Cuando ya no es tu lugar, debes volar"
 
El ave no sabía de estar a la altura, ni de estar conforme. Sabía de estar al-lado.
 
Reservaba sus más majestuosos vuelos para aquellos que veían más que un ave ensimismada. Mas el ave, había aprendido que era amor, bondad, incondicionalidad y ganas de estar en lo más alto. Era arte, y cuando quería la gobernaba el estoicismo de manera impresionante. En lo profundo de ese escudo tenía una esencia maravillosa, inmarcesible.
 
"Volaré cuando yo lo elija"...
 
Después de tanto y de nada, se sacudió de las alas la melancolía, el miedo, los recuerdos, las dudas, el cariño por lo que se quedaba en aquel sitio; y emprendió el vuelo... temerosa y osada a la par.
 

 

Laisha C. Ramírez Aguilar (Estado de México, 1997). Egresada de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas por el Centro Universitario UAEM Amecameca de la Universidad Autónoma del Estado de México. Ha participado en ponencias, talleres y eventos culturales donde ha compartido textos de su autoría, donde han sido muy bien recibidos y calificados. En 2017 participó en un concurso literario con su texto “Y cuando llegues también” ganando el primer lugar y posteriormente siendo entrevistada en Radio Mexiquense para hablar de su experiencia en el evento y cómo el descontento hacia la problemática del acoso y violencia hacia la mujer le motivó a redactar el escrito.

Ha tomado clases de teatro y colaborado en algunas obras, redactando guiones o actuando en ellas

“Inspirada por mis emociones y pensamientos más cotidianos, me gusta escribir prosa poética y, lejanas a mi realidad, he creado algunas historias”.

Síguenos