Félix Anesio | SELECCIÓN DEL LIBRO 'LOS CUERVOS Y LA INFAMIA'

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En las altas horas
 
El refugio de la noche es pródigo en sucesos.
 
Bajo la luz de una lámpara se agrupan
los medicamentos y numerosas cuentas.
 
Una cortina roja, unos libros y un reloj
como salidos de una película de Bergman
son la escenografía de un viaje,
de un laberinto sin regreso.
 
En las altas horas de la noche se escribe el verso.
 
 
Los seminaristas
 
A Osmán Avilés
                                                        
Marchan por la Calle Obispo
bajo el látigo inclemente del verano.
 
Tras las raídas sotanas se vislumbra
                                                   el sexo de los hombres
que deben consagrarse al pudor, la castidad y la doctrina.
 
Las rústicas sandalias rozan los adoquines.
 
Como una impúdica plegaria se eleva el olor
                                     de las axilas en el aire
envolviendo las aceras y las plazas.
 
Un jovencito imberbe y una niña los observan;
una beata, tras su velo, hace una extraña mueca y se
                                                                         persigna
mientras el dulce canto gregoriano hechiza a cada
                                                                      transeúnte.
 
Todos detienen su juego, su ocio o su quehacer
                                                           para verlos pasar.
 
De dos en dos, los seminaristas, se pierden por la Calle
                                                                                Obispo.
 
Tuercen la esquina y se adentran por la oscura puerta del
                                                                                 convento,
erguidos y austeros, cargando sobre su pecho tan pesada
                                                                                         cruz.
 
Aún nos puede llenar de turbación la imagen que recuerdo.
 

 
Sucesión y límite
 
Alejandro Fonseca
In memoriam
 
Las flores de la primavera
visten las nieves del último invierno.
 
La fiel convergencia del día hacia el ocaso
y todas las fases de la encantada luna
anuncian la epifanía del próximo sol.
 
Una mujer gime su dolor.
 
El regocijo de la vendimia y el vino de la celebración.
 
Una nueva arruga que se asoma al espejo de tu rostro.
 
Las fotos que cuentan, otra vez, una historia de ancestros.
 
La extraña felicidad de un poeta que yace en una cama de
                                                                                hospital,
rodeado de amigos, ante el umbral de una muerte
                                                                      insospechada.
 
Un libro que se cierra como un golpe en la sombra
                                                                  otro que se abre
y esta finita sucesión de versos.
 
Todo acontece en la esfera de un reloj sin números.
 
 
 
 
Ceremonial litúrgico
 
Nos consumimos
como cirios
en el altar de nadie.
 
 
Los perros y la luna
 
Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe.
J.L. Borges
 
Los techos herrumbrosos
los clavos puras piedras
las piedras puras almas
                                   penando.
 
La ciudad se deshace en mil pedazos.
 
El mármol se ha quebrado por el llanto
de los huesos tristes, sin flores
                                               ni epitafio.
 
No hay olor a leche quemada en el fogón
ni almendras que cascar con una piedra
y no se escucha la voz del pájaro cautivo.
 
La ciudad se deshace en mil pedazos.
 
Quizás se haya salvado el firmamento
donde suelen cruzar miles de estrellas
como las que una noche inmemorial
                                                  guardara.
 
Hoy bebo una taza de café amargo
en un lugar ajeno que se llama exilio.
 
Y mi corazón palpita fuertemente
mientras los perros aúllan a la luna.
 

 
Bajo un sol de otoño
 
No ha de perderse en mí
todo el sabor del vino.
 
No ha de perderse en mí
todo el aroma del sexo,
ni el color de las flores,
ni la gracia del canto.
 
Yacen, aún latentes,
bajo la hojarasca,
como las setas de otoño.
 
 
Poemas tomados del libro Los cuervos y la infamia, Editorial Betania 2018
Premio Florida Boook Awards, USA.
 

 
Félix Anesio
Guantánamo, Cuba 1950. Ingeniero de profesión.
Ha escrito los libros de relatos Crónicas aldeanas y su version en inglés A Tale of Two Villages, Voces de Hoy, EE.UU. 2011-2012 y los poemarios La cosecha, Entre Líneas, EE.UU. 2013, El ojo de la gaviota, Entre Líneas, 2015 y Betania, (España) 2016, Los cuervos y la infamia, Entre Líneas y Betania, 2016 y País sin moscas y otros poemas, Primigenios EE.UU. 2020.
Sus textos aparecen en prestigiosas revistas literarias como Otro Lunes (Alemania), Linden Lane Magazine, Conexos, Nagari (EE.UU.), Crear en Salamanca (España, 2016, 2020), Altazor (Chile, 2021) y El caimán barbudo, (Cuba, 2021), entre otras.
Aparece en numerosas antologías como: Bojeo a la isla infinita, Betania y Entre Líneas, 2013, Antología de poetas del Siglo XXI, de Fernando Sabido, España, Puede parecer un bosque, La Insula Barataria, Cuba, 2014, Balseros, Entre Líneas, 2015, La isla invertebrada, Capiro, Cuba, 2017, La floresta interminable, Artes Miami, 2020, entre otras.
Ha obtenido dos premios editoriales Carmen Luisa Pinto en narrativa y poesía, así como la distinción Pluma de Plata y el Florida Book Awards, 2017.
Reside en Miami desde el año 2000.
 

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