James Rodas Serna | A LA SORDERA DE ESTE MUNDO

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ASCENSO
 
Desde muy temprana edad
mis labios conocieron el sabor agridulce de la vida.
Tuve infancia sin conocer el fulgor de la fuerza
ni la densa y rica significancia
de lo que otros hacían conmigo.
Morí a veces,
y a veces veía una luz sin túnel,
un bosque negro en ruinas
balbuciendo al silencio.
 
Pero ahí seguí;
cantando a nadie
con el latido de un impulso que no cesaba.
No pedí permiso para el cambio,
para ser rotundamente libre.
 
Ahora soy la memoria de los libros olvidados,
el baile de la tinta y el papel
fundiéndose en un tango de caligrafía,
el amanecer de mil millones de haces
de luz radiante,
el camino de astros que sigue otra niña que sueña.
 
Nadie puede quitarme esta llama;
pues mía es la voluntad de su fuego.
 

 
CINCO FUERON MASACRADOS
 
Cinco fueron masacrados
"en la sucursal del cielo",
sobre la caña
de un Llano Verde,
tal como hace cinco siglos:
reino del látigo aún para el negro,
que se mantiene callado, doblegado
y despedido de la urbe,
bajo techos que las estrellas perforan.
 
Cinco fueron masacrados,
desterrados de su infancia,
acostados sobre un suelo
que se hace fecundo con su sangre.
Cinco masacrados
y atados por sus venas al barro;
como si no bastase su color
para vivir ya una vida de rodillas.
Cinco fueron masacrados
y los residuos de su silencio
solo nos recuerdan
que aquí nunca habrá paz,
tan solo la sombra de un llanto
que jamás será escuchado
por ser el llanto de los sumisos.
 
Cinco fueron masacrados.
Solos,
combatidos,
golpeados
y abatidos
en las puertas de la patria del odio;
matanza y nosotros callados.
Porque el que habla,
guarda miedo al exilio
y, sobre todo,
a la sordera de este mundo.
 

 
HASTA NUNCA ES PARA SIEMPRE
 

El molino ya no está;
pero el viento sigue todavía. 

Van Gogh, carta a Théo

 
 Las motas del plexo
que componen el alma,
desahuciadas,
tiritan cual viento funesto,
que sopla al tejado
de un hogar de criptas
y carga con voces
que anuncian un muerto.
 
Así como hiere una rosa que roce,
decir hasta nunca,
mutila la calma
de aquella persona que tanto vivimos,
que más que vivirla la revivimos.
 
Entonces
hacemos un zumo con sabor a olvido,
tomamos con saña tan amargo trago,
y en el quinto ron lo regurgitamos.
 
Volvemos cual necios,
con las mismas gentes.
Si dices hasta nunca,
que sea para siempre.
 

 
James Rodas Serna (Remedios, Colombia; 1996).
Licenciado en Ciencias Sociales de la Universidad de Antioquia con estudios en Filosofía y Pedagogía en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (República Dominicana) y en la Universidad de las Indias Occidentales (Antigua y Barbuda). Ha participado en diferentes escenarios y eventos como el Festival Internacional de Poesía de Santo Domingo (República Dominicana) en 2018. En 2020 fue ganador del premio Narrativas Indefinibles de la Secretaría de la Juventud de Medellín. Recientemente fue publicado su libro de poesía confesional “El libro de los latidos”.

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