Carlos Bravo | CINCO POEMAS

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“Reclamo al despertador”
 
La imprudencia de tu estruendo
es tan brutal
como campanas de catedral
que despiertan entero pueblo.
 
De todas las madrugadas triviales,
¿por qué escogiste ésta
para sustraerme de mis sueños
que rompiste cual cristales?
 
¿Por qué, Reloj cruel,
te burlas de mi infortunio
cuando sabes que sólo puedo verla
a través del espejo del día nocturno?
 
¿Por qué cuando al fin la soledad
de mi cuerpo abyecto
se reunió con exquisitez de manos suyas
me arrojaste de mi oniria a frío pavimento?
 
… si en mi próximo insomnio
vuelve la niebla de mi amada
con belleza y osadía
y me despiertas,
mejor, en ese instante, suprímeme la vida.
 
 

 
 
“Tu me manques”
 
Ayer soñé con esos hermosos ojos tuyos
gemelos de la noche.
Mi narcosis invocó esa guirnalda de ébano
que se mece sobre esa biblioteca cubierta de fino cabello.
Me dejé sucumbir ante la inundación
de tu canto, donde mi nombre era tu única profecía,
donde desierto de mis labios
fue sepultado por primavera de tus besos.
 
Sin embargo, he despertado del letargo
ocho inviernos después de lo que nos pasó;
sin mí llamándote princesa,
sin ti paseando conmigo en lluvia.
 
Me di cuenta que nuestro mayor obstáculo
fue el tiempo, porque nos alió cuando no debía ser…
Ser jóvenes y enamorados. Eso fue en lo que fracasamos…
 
 

 
 
“Monocorde”
 
Sólo un poema más.
Ya casi no me quedan lágrimas
para bautizar este “último” escrito
que te hago, así que no debo demorarme.
Después de todo, sólo es un poema más…
 
Es tiempo de marcharme de aquí, de ti;
es tiempo de abrir cortinas,
quitar cerrojo a mi puerta,
preparar buen té,
deshacerme de todo el tabaco.
Es tiempo de soltarte.
 
Mas al intentar soltarte,
tu mirada me acecha en el humo del tabaco,
veo tu llanto reflejado en el té,
escucho tus pasos detrás de mi puerta,
me escondo tras las cortinas,
me doy cuenta de que no puedo marcharme de aquí, de ti.
 
Me sangra la mano de tanto escribirte,
de tantas esquelas que te fabrico.
Me sangra la mano de tanto servirme una copa más de alcohol,
me sangra la mano por sostener tantas promesas incumplidas.
 
Me sangra el alma por seguir esperándote.
… ya casi no me quedan lágrimas
para bautizar este “último” escrito
que te hago, así que no debo demorarme.
Después de todo, sólo es un poema más.
 
 

 
 

“Último suspiro”

Todo mi ímpetu se lo ha llevado madeja
de humo, un cigarro abandonado.
Reclamo tus besos con aliento amordazado.

Realmente no me preocupa, ¿sabes?,
por mí puedes robar de su belleza todo su intelecto,
arrebatarle la vida en tu cama cuando llegue el momento…

Mas, las travesuras
de tus pautas debían completar
protocolo de mi vanidad:
el cinismo de tu amabilidad innata
tuvo que regalarme, por lo menos, una porción de tu saliva.

Lo sabías.
Sabías que mis oídos monitoreaban tu voz,
que mi tacto buscaba frescura de tu sombra.

No te culpo.
Finalmente, sus caricias son compacto,
su fragancia, sucedáneo para soledad.
Al fin podrás inhibir los brebajes
de tu alma, pues su risa te llenará de fulgor
con efecto de su nicotina.

A mí jamás me necesitaste.
Así que puedo retornar al entierro de mi melancolía prescrita,
sabiendo que, de mis utopías,
tú has sido una de mis favoritas.

 


 
 
“Advertencia”
 
El reloj me reventaba las sienes
con su tic tac estrepitoso,
mientras alcatraces congelaban sus venas,
yo seguía manteniendo cálida la rosa azul de recuerdo tuyo.
 
He comprendido que no volverás a quererme;
así que pediré única súplica:
 
No me defraudes cuando
nos volvamos a encontrar
y resulte que ahora sí conmigo quieras estar.
No intentes romper
el paradigma que tengo sobre tu crueldad
con actos de benevolencia fingida.
 
No destruyas
tapia de hielo que has levantado,
con el fuego de esos abrazos
a los que me acostumbré antes de tu partida;
por favor te pido
no quebrantes tu armadura obstinada
con mentirme que me quieres
después de un beso plantarme.
 
No hagas ninguna de esas cosas
que me harán débil ante tu presencia;
menos ahora que trato resarcir mi temor
de enamorarme profundamente de alguien
que no sea mi pasado;
el peor error de ti que he adoptado…
 
 

 
 
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Carlos Bravo (Ciudad de México, 1999)

Estudia la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

Recientemente fue antologado en Nido de poesía tercera generación por la editorial LibrObjeto y El Tecolote, al igual que en la Revista Literaria Ibídem en su edición número catorce.

Ha concursado asiduamente en muchos Slam de Poesía, donde aspiró a algunas premiaciones simbólicas.

Colaboró en el Picnic Literario realizado por la Radio Voladora Amecameca por motivo del evento Estrategia Nacional de Lectura.

Fue parte de la Comisión Organizadora del Décimo Tercer Foro de Literatura (2018) en el Centro Universitario UAEM Amecameca, donde también participó como ponente.

 

 

 

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