Laura Sánchez Jaramillo | EXISTIR DEL NUEVE OCHO

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EXISTIR DEL NUEVE OCHO

 

Un invierno del 98 vio nacer a aquella pequeña mujer; nada que cuatro paredes de un hospital local no aprecien en una jornada común, nada que el hombre no sea capaz de repetir y de recrear conforme a su existir. Biológicamente hablamos del momento en que ese puño de células cobraron sentido formando tejidos, uno a uno se unieron despertando órganos, siendo sistemas, para así ser ella.

          Glorioso hecho de vida y alivio para aquella mujer que abrió sus brazos al enigma en el que muchos llegan y otros tantos se alejan, porque al paso de los años serán más decisiones que buena suerte, la suerte tendrá que ser buscada en la palma de su mano, acompañada de la razón y  la conciencia, sin olvidar el sentimiento.

          Pero qué mayor fortuna que la de haber llegado, en aquel casi noviembre, donde por su sangre mexicana se veía cercano el festejo de quienes ya no están mas, con el olor a cempasúchil entre hogares, lapidas y mercados; con veladoras iluminando caminos en los que aún no transita y, lo más importante, con mentes llenas de recuerdos añorando los rostros de quienes han dejado de estar.

          Es en aquel contexto en el que esta mujer de unos ojos cafés tan pequeños, pero inmensos, llegó a este existir; elección dada por un conjunto de hechos que parecieran destinados por un ser que habita en lo infinito, como si fuesen pequeñas piezas en un juego esperando a ser movidas para así cobrar sentido ante la más mínima oportunidad.

          En el que, si a realismo se refiere, se verán momentos tan tristes que posiblemente harán sentido a que sus ojos sean tan grandes; verá escenas que le dejarán un vacío en el estómago, como si el fantasma más aterrador de una escena de cine clásico cobrara vida frente a sí, momentos en los cuales ese mirar será testigo de injusticias, de tristezas y de malas acciones que al final del día le dejaran muchos pensamientos sobre los cuales se hallará frente al espejo buscando transformarlos en fuerza o en declive para su ser en caída libre y, finalmente, en colisión.

          Verdaderamente se puede descifrar, por la mirada de su madre y el mirar tan maravillado de los presentes, que se trata de un ser lleno de belleza exterior, con una tez avainillada, finamente pigmentada por lunares en distintas partes de su cuerpo como si fuesen salpicados con la intención de ser buscados uno a uno, con unos labios gruesos, como si de ellos fuesen a salir verdades y un par de mentiras torpes que acompañen una sonrisa que indica no menos que un desafío a razón de su valentía que se verá reflejada en su seguro caminar acompañado de unos largos cabellos negros tan lacios que tornean perfectamente la cintura cuando la rosan al andar.

          Sin duda, fue un imaginar aproximado a lo que en aquel invierno se vio existir entre esas paredes, porque con un llanto de lucha se entregó a aquel pequeño ser a los brazos de su madre, en espera de todo lo demás, que pasaría a ser nada luego del arribo de esa vida. La madre sin pensarlo tomó a su hija y, entre lágrimas y una mirada que prometía haberlo dado todo durante esas largas horas de labor de parto, se entregó fielmente ante lo que tenía entre sus brazos, haciendo un silencioso juramento de amor.

          La madre parecía entender que al tener una creación tan similar a ella y a su acompañante, solo restaba darle un par de apellidos a ese hermoso ser, una casa en donde pudiera formar de sueños y valores aquella mente que de momento solo tenía un cabello tenue y despeinado, un plato de comida caliente que en ese momento no podría ni imaginar con la emoción de todos los guisos que ya ansiaba por preparar, cuando la criatura en la realidad no tenía ni un solo diente a cuenta, y sin duda un ejemplo de madre, de esas que ella siempre deseó, claro, sin dejar de amar y respetar a la suya, al final del día, ya la había convertido en abuela.

          Es la magia del existir en su esencia misma, todos tienen el poder de convertirse en uno u otro papel de este mundo, no solo con títulos de madre o padre, con títulos de profesión, con títulos de hazañas y valentía, o en casos alternativos, con títulos no tan agradables, no buenos, pero al final elecciones.

          Aquel conjunto de sangre y parentescos que esa noche de aquel frío casi noviembre inició una familia, dio comienzo a la creación de un hogar y colocó en los ojos de los presentes un ser agraciado, tan femenino, que parecía desbordar flores con solo mirar a quien le tomara en sus brazos. Definitivamente no hay opción alternativa para que un ser de esta magnitud llegase al mundo; todo pasó a ser tan exacto y tan perfecto que no restó menos que ser escrito mirando hacia aquel 1998.

 


 

Laura Sánchez Jaramillo (Chimalhuacán, Estado de México, 1988). Es estudiante de sexto semestre de la Licenciatura en Turismo en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Se considera como "una persona con pasión por transmitir lo que el mundo y los momentos nos proveen, utilizando para ello la creatividad y lienzos en blanco".

 

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