Sergio Pérez Torres | CINCO POEMAS

Comparte:


 
IV
 
Nada duele salvo un nido que se incendia,
tampoco los ojos resurgen de la ceniza.
Tu nombre no conmemora alguna estirpe,
ni tu sangre ni la mía pueden engendrar un pájaro,
pero podemos hacer mucho más que solo eso.
En mí jamás sucede otra hora,
 ningún astro,
lo que el aire infla es susceptible ante algún fuego.
Ojalá valiera soñar aprisa
 durante una noche que se enjaula entre oasis.
Tu misma orfandad iluminaba cada vacío,
el contorno perfecto,
 no salir de la línea.
Ahora las personas tienen límites,
la mirada recorre sus cuerpos,
 pero no recorta.
Vuelas sometiéndote a la gravedad,
cansa un aleteo,
 el agua que hay encima durante la tormenta.
 

 
V
 
Se te hace vicio aquel instante de notas sostenidas,
no hay sol mayor ni menor,
 sin más mentiras,
en este cuchillo los hombres dejan
la razón por la que se huye de todo centello.
El perfume está sangrando su temor,
en los ojos de los nardos germinan libélulas.
La vida se te viene abajo,
una fábrica de tiempo abandonada.
Esta herencia antigua de tarimas como años
dejan en los otros las mismas ruinas sin sentido,
mi sentido es este cuerpo que ahora toco
como las manos de mis padres me cubrían de la lluvia,
una forma de luz que nunca nacerá de mí.
 

 
VI
 
Cierra bien las pestañas,
retira también las postizas,
 maquillaje,
recorta con cuidado corazones de perfil,
así sea con el cuchillo sin mango
o la navaja de afeitar que dejó el abuelo.
Tus ojos no se harán más ciertos ni más falsos,
las palabras sobre lo importante de la luz,
no un cuerpo perdido en la neblina:
la edad de las piedras es la misma para ambos.
 

 
VII / HORA DE DORMIR
 
Pero la noche sigue ahí donde el sol se parte,
la lluvia cae en la maceta llena,
huele a todo el miedo del mundo.
Los que se despiden parten sin saber qué es la
distancia;
otros huesos duermen cerca, calle abajo del canal.
No alcanzo a ver las voces, pero permanecen,
dicen que mejores días tejen sobre las orillas de estos.
Hay una soledad con calma.
Apaga los focos de la casa luego del trabajo,
en la oscuridad todavía nos amamos del mismo modo.
 

 
VIII / ESTANQUE
 
No peinaste tu miedo ante un espejismo
con cerezos reflejados al tiempo de su floración.
Nadabas entre narcisos y alas de hormigas,
te vi como quien calla por primera vez,
no era el susto ni el estancamiento,
sí el ensayo para un rito solo tuyo.
Besabas el vidrio como buscándole una médula,
el reflejo de otro rostro en sueños húmedos,
aquí ser de carne crecía como hierba,
hasta los más transparentes brillaban una vez.
Luego un muro de arena se acercó a nosotros,
sin levantar maná ni un enjambre hecho recuerdos,
lo que dicen que es la sombra cuando se enciende la luz.
 

Image
Al leer Postales en braille de Sergio Pérez Torres imaginé que la mente se concentraba en las nervaduras de una mano. Aquí, el tacto –un sentido con frecuencia postergado- despliega un lenguaje que expresa la sinuosidad de las formas, la indeterminación de la realidad. Para ello, las experiencias se vuelven momentos esfuminados, puntos donde lo áspero y lo delicado se revelan instancias contiguas, próximas. La emotividad cotidiana (a veces como un secreto) aparece siempre en diálogo con lo impalpable, incluso con la muerte: “la ola dormida en los relojes calla para todos”. Pérez Torres nos muestra en cada uno de estos poemas que, como en ciertas canciones del new wave, es posible sentir luz con los dedos y bailar “lo que aún es invisible entre nosotros”.

When reading Postcards in Braille by Sergio Pérez Torres, I imagined that the mind was concentrating on the ribs of a hand. Here, touch - a sense often postponed - displays a language that expresses the sinuosity of forms, the indeterminacy of reality. For this, experiences become faded moments, points where the rough and the delicate reveal contiguous, close instances. Daily emotionality (sometimes as a secret) always appears in dialogue with the impalpable, even with death: “the wave asleep in clocks hushes for everyone”. Pérez Torres shows us in each of these poems that, as in certain new wave songs, it is possible to feel light with our fingers and dance “what is still invisible between us”.

JUAN JOSÉ RODINÁS

Sergio Pérez Torres (Monterrey, 1986).
Publicó Caja de Pandero (EDÉN, 2007), Mythosis (EDÉN, 2009), Los nombres del insomnio (Cuadernos de la Serpiente, 2016), Barcos anclados al viento (La cosa escrita, 2016; Sangre Ediciones, 2018, 2ed), Cáncer (NadaEdiciones, 2016; Fósforo, 2021), Cortejo fúnebre (ISC/Proyecto Literal, 2017), Party Animals (Conarte, 2017), El museo de las máscaras (Tierra Adentro/Conarte, 2018), y La heráldica del hambre (El Carruaje Ediciones/UANL, 2019).
Su obra poética ha sido premiada en el Concurso de Literatura Joven Universitaria 2009, Juegos Florales del Carnaval de La Paz 2016, IV Certamen Literario “Ana María Navales”, XXVI Premio Nacional de Poesía “Ydalio Huerta Escalante” 2016, XXIV Premio Nacional de Poesía Sonora 2016 “Bartolomé Delgado de León”, Premio Nacional de Poesía Carmen Alardín 2017, Concurso Palabras Migrantes y Convocatoria para coedición del Fondo Editorial Tierra Adentro y Conarte. En narrativa fue merecedor de la 4ª Convocatoria “Se busca escritor”, de la Editorial De Otro Tipo.

Síguenos