Rodrigo Córdova | HUÉRFANOS

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HUÉRFANOS

 

Cuántas veces subimos las mismas escaleras para ahorrar, cuántas veces gastamos lo que no teníamos para beber de más y olvidarnos de lo que éramos. Son las ideas que nuestro mundo nos inculcó. Vida buena, bolsillos llenos, pero no era nuestro caso, sólo éramos tipos corrientes con ganas de beber y de bailar, de oír lo que nos gustaba, no en algún equipo o mp3, sino en otro lugar.

          No arrancábamos de nada, como lo que puedo leer en alguna novela o en lo que otros, un poco más viejos que yo, escriben en sus relatos. No teníamos un drama, ni menos una ficción interesante, sólo personas con familias disfuncionales o bien constituidas, tipos con problemas pero que no nos llevaron a la muerte o a ser el sabio de un cuento, sino individuos que ni piedras tienen que patear porque esas nos las quitaron los que son un poco mayores que nosotros. Parte de la historia en dictadura o post dictadura tampoco es nuestra, la nuestra es un mero juego de sensaciones entre vasos vacíos o medio vacíos.

          Las luces cambian de un color a otro y el humo de cigarro espesa el aire. No importa, no interesa, el calor es lo nuestro, el perderse; de eso se trata nuestro tiempo. Sin línea, sin fondo, un simple acto de sudor y movimiento. Las voces, las risas, son la música de fondo de la canción que bailamos para seguir viviendo. Un sábado más como si fuera el último. No pertenecemos a ese relato de los entendidos, a esa memoria de los hijos, nosotros somos los huérfanos, somos la lengua que no tiene identidad, el mero suelo de la tradición y de los que ahora son dueños de la historia del presente.

          Uno que otro se cae por el copete, da lo mismo, mas tarde seré yo el que se caiga, a nadie le importa, hemos sido olvidados hace bastante.

          Unos mas jóvenes aparecen, gritan y cantan canciones que se oyen antes de que estos nacieran. Nosotros también lo hicimos. No se preocupen, esto es nuestro único consuelo. Bailar y beber, porque no hay una historia detrás, no hay un significado en lo que hacemos, porque fuimos niños en los noventa y pasamos a la adolescencia justo en el 2000, menos teníamos que decir, menos teníamos que importar, los avances tecnológicos eran los protagonistas.

          Lo nuestro era la noche, el local o bar que fuese más barato, la resistencia y el vómito del exceso, eso era nuestro legado. El tiempo pasó rápido, nunca tuvimos un punto de referencia, menos una estrella que nos indicará donde ir. Pero ahora nos encontramos ante un espejo y, alrededor de nuestros ojos, ya vemos el tiempo en nuestro rostro. Unas risas de pequeñas o pequeños. Nos hicimos padres y, sin que nos enseñaran, hemos hecho lo que mejor podemos.

          No somos hijos de una dictadura, no somos hijos de una historia que valga la pena contar. Somos el presente que ahora se ve sin historia y aun así lo hemos hecho bien.  De nosotros no habrá un relato, no habrá un héroe, sólo pequeñas historias de alcohol y una que otra cosa más; no se contarán de generación en generación, sino que las repetiremos entre los mismos para saber que, de alguna manera, fuimos, existimos.

          Subimos muchas veces las mismas escaleras para no gastar de más, pero si poder beber de más y esa es nuestra historia mientras se apaga la vida cuando se enciende la luz en el local y volvemos a ver nuestros rostros ya sudados, ya marchitos.

 


 

Rodrigo Córdova Valdés (Valparaíso, Chile, 1985). Escritor. Por diversas situaciones familiares vivió en distintas zonas del país, pero siempre volviendo a Valparaíso. Al término de su escolaridad, guiado por un gusto obsesivo por el cine, decide estudiar dicha carrera, pero la abandona al primer año al darse cuenta de que lo que le maravillaba y obsesionaba de esta eran sus historias y no su producción y composición visual. Producto de esa decisión comenzó a laborar en distintos trabajos. Para el año 2013 vuelve a ingresar a la universidad y estudia Pedagogía en Lenguaje y Literatura la cual culmina en el año 2017 y hoy ejerce.

 

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