Bernie Pérez | CIUDADANO CUALQUIERA

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Sin título.

 

Allí donde la tilde hace camino,
Y la cigua vuela para dormir,
Y de comer para escondernos del fugitivo,
Otro baguette con mabí.
 
A veces el pudor teje en los rincones,
Otros fantasmas se olvidan de salir,
Al sol ni le mencionan sus cojones,
Y ya no cacarea el Julian Chivi.
 
Los Mina sigue perdiendo a sus princesas,
 Otro puente cobra burlas al corazón,
El barón confunde otras cruces blancas,
Más otro insulto a la ración.
 
Los peloteros discuten con Sinatra,
Este nervio de la avenida sin transcribir,
El clerén es otro espíritu perdido en la cubeta,
Esta pandemia va a describir.
 
Cuando el adiós no vuelva a visitarme,
Caminaría a un pasaje que podría hablar,
Del cerumen que anda mudo al abordaje,
 En algún lugar donde el polvo quiera callar.
 
La tarde intenta dormir, menos como antes,
Rechazan otra pesadilla del morí viví,
Otras recargas que me dan por arrastrarme,
Y todavía siguen existiendo biónicas en la Duarte con París.

 


 

A mis veinte y diez.

 

Bueno,
Qué puedo decir?
llegué a los veinte y diez,
Con cuarentena,
Ni amores con desastre,
Ni momentos random,
Ni adentrarme a una casa de citas,
Sin tener cuerno a ciegas,
Ni muchachos ni féminas que me mantengan desahuciado.
 
Un año más,
Sin saber dónde caiga la ficha,
Sin saber que página escribiré en este diario de algún Ciudadano
Cualquiera,
Gracias les doy a todos,
A mis viejos,
A aquellos crudos compañeros,
A estos cantares sin sentido que seguiré escribiendo,
A los corazones rotos,
A las salivas que me bloquearon,
A otros cursos con algún rumbo.
 
Gracias les doy a todos,
Dieguitos y Mafaldas para mi.

 


 

La danza de las velas.

 

Era un viernes por la noche,
En alguna calle,
Que por un polvo no me acuerdo.
 
Charlar con la langosta y algunos fantasmas de pelo largo,
Dibujando las cicatrices,
En las venas de esta ciudad improvisada.
 
De recordar cuando el Lido no tenía nada,
Sino los mismos cuentos viejos,
Y ladridos en el maizal.
 
Me llega como un harén,
Recogiendo los juegos de la mesa,
Que dejó el teniente de ninguna parte.
 
Como vampiro a su sombra,
Veo en la pupila,
Aquella danza de las velas.
 
De que todavía gasto para jugar,
Otros extraños juegos del silencio,
Y felicitar para salir del tema con el trapecio.
 
Si me preguntan dónde aprendí,
Ese cuento viejo de los delirios,
Diría que una sirena naufragada,
Me contó la historia de las que no tenían dueño.

 


 

Creo en todo.

 

Creo en todo,
En lo que juegan,
En lo que comen,
En los dolores sin pena,
En la cisterna del ave que huele a cuernos sin boda,
En la gallera que duerme a las doce del día,
En las conversaciones ajenas,
Y dos veces al día.
 
En los ñames,
En las fiestas,
En los juglares que se olvidan de tocar canciones,
En el credo que aún existen en los bares,
En los sueños de una noche sin verano,
En las amistades desconocidas,
En lo que toca mi hermano en un piano desenchufado,
Y sin embargo,
En los amores que van por encargo.
 
Y como me acuerdo de Storni,
Pues me atrevo a escribir histerias debajo del agua.

 


 

Bernie Pérez (Santo Domingo, República Dominicana). Es escritor, poeta y actor ocasional. En cuanto a su poesía, su estilo resalta la sociedad en donde vive, rescatando  romances e historias. Ha sido acreedor a segundo lugar en varios concursos literarios en su país. 

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