Brian Rios | EN EL BASTO VERDOR  PERTENECIENTE AL ÁRBOL…

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En el basto verdor perteneciente al árbol…
 
En el basto verdor perteneciente al árbol,
¿Qué hoja seré yo? ¿En qué rama me encontraré?
¿Seré una hoja pequeña o grande? ¿Recién brotada o una hoja seca?
¿Verde o amarilla? ¿Qué importancia tendré en su solo ecosistema?
¿Cuál árbol soy en el esplendoroso bosque
Que se encuentra cubriendo, llenando de vida,
Brotando y muriendo en la lejana montaña?
En el sistema montañoso que atraviesa
Con una línea imaginaria a uno de tantos países,
De nombres y formas y delimitaciones extrañas,
¿Qué tipo de formación del suelo me pertenece?
¿Seré una insignificante piedra
O una enorme roca?
¿Llegaré a ser una columna de tierra
O un monte entero?
¿Quizá un altiplano o una llanura?
¿Soy cerro o la montaña?
¿Podré ser la cierra entera?
Y si en un inmenso acto de rebeldía completa
¿Soy un volcán?
Y si me equivoco,
Si no puedo tener elección
Y me quedo siendo quien soy, pero,
Si no sé bien quien soy,
Si no soy volcán,
Ni cierra entera,
Ni montaña, ni cerro,
Ni llanura, ni altiplano,
Ni monte entero, ni columna de tierra,
Menos una roca inmensa,
Ni siquiera una simple y llana piedra,
Ni un árbol en la montaña lejana,
Y si no soy una hoja ni verde ni amarilla,
Ni recién brotada ni seca,
Ni grande ni pequeña;
 
Si me equivoco
Y me quedo siendo yo,
Que no sé bien ni que soy,
Ni cuál es mi función,
Entonces, ¿soy o no soy
Parte del basto verdor perteneciente al árbol?
 

 
Soy el árbol
 
Quiero volver a ese instante
Que parecía perpetuo,
Donde me sentía inmortal, invencible,
Mas fueron unos minúsculos segundos,
Un pequeño e insignificante punto,
Sin poder transformarse en una línea
De aquella magnífica obra de arte.
 
Quiero ser el fuego ardiendo,
Llamarada inmensa, incendio eterno,
Que se expande libre y sinceramente
En aquella montaña olvidada sin pena y con prisa,
Aquel que viaja y arrasa más que la brisa,
Sin embargo, solo soy la ceniza de una flama
Ya extinta.
 
Quiero ver más allá del presente
Y poder olvidar el pasado hastiante
Que convulsiona mi ser presente.
Anhelo explorar el futuro cambiante-insignificante
Y escapar, o de menos burlar,
mi propia y avasalladora muerte
que me persigue incansablemente.
 
Quiero ser la tormenta que derribó el árbol
Y no el árbol derribado a mitad del camino,
En la infinita nada.
 

 
Al Amanecer
 
Apenas se pronunciaba el astro rey en el cielo,
Asomaba uno de sus tentáculos sobre las montañas inmensas y heladas,
El cielo bañado en sangre y el cielo camaleónico en su mayor apogeo,
Cuando ya habías invadido mis pensamientos.
 
Mis ojos aún clausurados al mundo real,
Las funciones básicas del cuerpo humano aún ni comenzaban,
Solo el respirar, el silencio y lento palpitar del corazón
Se presentaban en mi ser,
Cuando atravesaste cada célula de mi cuerpo.
 
El despertar se volvió una inmensa agonía,
Una custodiada por tu recuerdo, amor mío,
Sin embargo, es más soportable el estar sin ti a esta hora,
Comparada con la noche pétrea en mi alcoba,
Porque es durante la madrugada que se desintegra mi alma,
Por tu recuerdo en mi mente alienada.
Cuándo será el amanecer que me rescates,
De mi propia soledad inalterable,
Desata estas cadenas y déjame amarte.
 
A ti, inigualable, inalcanzable, impalpable,
Inagotable, inevitable, inimaginable,
Tú, Dulce am(dol)or interminable.
 

 

Brian Antonio Rios Adaya (Ciudad de México, 1993) Es egresado de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEMéx). Ha sido partícipe en diversos foros de literatura y eventos culturales a nivel universitario, municipal y regional; así mismo, ha fungido como organizador y presentador de encuentros literarios en los mismos niveles.

 

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