Lauren Jaramillo | TU ENERGÍA ME DIBUJÓ VOLCANES

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TU ENERGÍA ME DIBUJÓ VOLCANES

 

Resulta magnifico el esplendor que algunas personas poseen dentro de sí y el modo en que un par de grandes ojos cafés perciben ese umbral.

      Es tan natural la esencia de tus colores, que pareciera puedo trazar con ambas manos una delgada línea entre tu alma y lo desconocido. Podría descifrar lo que entre pestañas intentas decirme, mas no paras de revolucionarme, no sacias tu sed de acercarme, de acércanos, haciendo ver tu intención de descubrirme, sin miedo a perderte, porque quizá el camino ya lo conocíamos desde años atrás, para irnos, para volvernos a encontrar.

      Es bien sabido que los actos de magia son breves, que suceden en un momento en el que no existe una explicación lógica ante la mirada helada frente a lo ya acontecido y que una explicación es quizá lo que menos necesitas para entender cómo burlaron tu atención de un modo tan agradable haciéndote participe de algo inédito. Pero realmente el proceso se parece tanto a ti.

      Llegaste de no sé dónde, a brindarme no sé qué y vaya que lo cumpliste cuando bajé la guardia. Astutamente tu energía cegó hasta al último guardia de mis muros, te escabulliste hasta mi risa, volviéndote a ti mismo compañero de mi alegría, en ese lugar donde puedo encontrarte de 11 a 3, porque más tarde seguro tendrías que ir a salvar el mundo a tu manera.

      Me dejaste ver que existen lugares donde aún duermen volcanes, gigantes dormidos, donde en algún momento pertenecieron gloriosas historias, como la tuya, como la nuestra. Espacios donde quizá el tiempo ya se detuvo, pero la magia nunca cesó; en los que seguramente correrán secretos a voces de lo que ahí ocurrió, leyendas de lo que sí vivió.

      Ya que en mi memoria vive tu energía, vives tú; dentro del suspenso de lo que un día fue pero ya no será, entre las telarañas de tu vibra, tu risa caótica pero humanamente gratificante. Dejándome la dicha de lo que es compartir, sin recordar el agrio sabor de la tristeza o de cualquier otro sentimiento que pretendiera romper la energía que en ese momento, la estabas emanando de la mejor y más hermosa manera, hablándome paciente y cálidamente, casi cantando a mi ser.

      Creciendo un chascarrillo gracioso entre dos sillones, ambos cubiertos con una colorida manta, pensamos qué canción será la correcta para bailar, atendiendo a todo dentro de nosotros, silenciando al exterior, apoderándonos de todo aquello que mereciera ser compartido, pues en esa habitación el tiempo se detuvo para dos.

      El momento en que chocaste con mi ser me dejó marcas instantáneas, similares a un volcán, ―con la fuerza de una posible erupción, con la fumarola de un momento de descontrol, pero la intensidad del fuego en su lava―. Una conexión abismal nos abrazó desde ese momento. Ahí volví a recordar las tardes doradas frente a mi espejo con una inevitable sonrisa en el océano negro de mis pupilas, mientras entre fotos aún resonaba el gran momento que me llenó de alegría, de vida.

      Quizá ahora te escribo entre letras para despedirnos. o sea probable que pretendo buscarte entre esos recuerdos y pedazos de ti que ahora viven en mí. No debería sorprenderte, porque luego de aquella tarde me formaste volcanes prometiendo estallar, ardiendo en calma, prometiendo desatar fuego, hiciste más de lo que podría decirte, pero no de lo que aquí podrás leer. Aquello transformó haciendo historia, dejando muestra de que no todo lo que te cambia, daña. La convicción enorme de que vivir sucede cuando menos lo esperas como una fuerte erupción que seguramente dejará estragos a su paso, pero que no han de quemar la piel.

      La magia de ti, tras todo aquello que juras conocer, esas historias magnificas de lo que crees es vivir, lo que tu caminar y tu destino envuelven, nos enredan, nos hacen cantar y bailar, invocando fuerzas que vienen del interior.

      Hoy vuelvo a ese gran espejo mientras comienzo a sonreír entre tus recuerdos como si el gigante fuese a dormir por años prometiendo jamás estallar, mientras me repito “seguramente esta noche le gané al laberinto”, en el que entre paredes solo existe una salida, no huir, pensar. Te pensé valientemente, recordando lo mejor que me habita, sin capturarte entre mis paredes, dejándote volar, pues tu energía ya me formó volcanes que siguen estallando, que me dirigen a una sola salida que ahora mismo estoy pisando.

 


Otras entradas de la autora:

 


Laura Sánchez Jaramillo (Chimalhuacán, Estado de México, 1998). Es estudiante del octavo semestre de la Licenciatura en Turismo en la Universidad Autónoma del Estado de México.

Autora novel, ha publicado el relato “Existir del nueve ocho” en esta revista.

 

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