Lovesun Cole | CINCO POEMAS

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Cinco poemas del libro Llantos de amor, y cantos de dolor, registrado en el Registro Nacional de Costa Rica el día 19 de febrero del 2020.


 

El niño

 

Sentado en el bordillo de una calle
mira el niño, con ojos decaídos,
lo que él creía que sería un valle,
y no un arroyo de sueños prohibidos.
 
Con una mano sobre el rostro bello,
moviendo está los pies en el cemento,
brazos cansados, y sucio cabello
dejan caer sus mares de lamento.
 
Al ver que es invisible en los espejos,
que deambulan con un mecanismo,
quebrados, simulando ser reflejos
perfectos, siendo copia de lo mismo.
 
El niño hambreo, con ajadas ropas,
niño de rotos zapatos, y triste
semblante, no beberá de las copas.
Y si pudiese darte más alpiste,
 
pájaro de las horas resignadas,
y de dioses ausentes, dime acaso;
¿creerás en alegres cuentos de hadas,
o anhelarás la muerte a cada paso?
 
¡Ay, mi "estirpe" eres tú! ¿Cómo es qué reyes
continúan soberbios por el mundo?
En el que bien dependen nuestras leyes,
de sea quien el caballo iracundo.
 
Y aunque seremos una calavera
un día, noble, ¿será suficiente
porfía, para hondear la bandera
de amor, uniendo por fin a la gente?
 
Quisiera arar la tierra que te cubre,
mi verde cielo, mi morada Luna
¿en lluvias, quién te cuidará de Octubre,
o probarás un tipo de fortuna?
 
Y falso niño, ¿dónde está el escudo,
dónde está tu ay, espada con qué bregar?
El niño muerto, vivo, niño mudo,
oh, tampoco, jamás podrá escuchar.
 
Porque no tiene ojos, orejas, boca,
deseos, cuerpo, ni una mente exenta.
Inexistente es todo lo que toca,
inexistente, es todo lo que sienta.
 
¿Cuál belleza posee tu mirada,
tus mares qué tendrán, si me encariño,
qué desolada inocencia, y sagrada,
oh, treinta años atrás, tenía el niño?

 


 

"Los amantes"

“Los amantes”, René Magritte (1928).

 

Por este pacto secreto, el lenguaje
críptico, que hemos bien forjado juntos.
Ley que ha sido llevada por difuntos,
al mudo huerto del rojo ramaje.
 
Actuar a ser extraños, entre gente,
ignorar el suspiro, la mirada,
y no sentir el roce de tus manos,
que me hace arder el cuerpo, y hasta la mente.
 
Tu pasión contener, de enamorada,
largos y firmes tus muslos serranos,
no evitar, evocar, acariciar,
 
es imposible, al igual que el dolor
mío, saber que no te puedo amar,
mientras estamos haciendo el amor.

 


 

Para contemplarte navegar hasta mí

 

I

Caminando contemplo, del día baladí su muerte,
rojo tan vehemente, como el averno de Dante.
Zascandilear, sin absolutamente nada que perder,
incluso hesitar, sobre si realmente ser o no ser.
 
Y me pierdo entre las pinceladas, del realismo de Courbet,
o anhelo ser marinero, de un Sturm und Drang de Vernet.
Porque desgraciadamente; sufro la imbatible enfermedad de los malditos,
que me mantiene preso, entre llantos, cantos, delirios y gritos.
 
Y con la certeza, de no saber cómo domar el ímpetu de mi vivir,
dime; ¿si todos montamos el caballo bayo de la Muerte, por cuál sendero cabalgar?
¿Qué la vida se trata de un duelo de suerte, será inconsciente sospechar?
 
¿O las Moiras tejen el hilo hasta de la manera en la que hemos de sucumbir?
Cualquiera que sea la arcana verdad; que me haya aquí y ahora,
oda a la gloriosa potestad, por la que mi alma renacida se enamora.
 

II

Porque Helena de Esparta te concedió de oro su corazón, que jamás nadie evitar contemplar podría,
colmo de la divina creación, el ser tu voz de ruiseñor, maravillosa melodía.
Y pletórica por la diosa Palas, de pura y necesaria sabiduría,
que decoras entre elegantes galas, y pintorescas flores en el Febo de mediodía.
 
Oh, diosa aún más alta que los estriados pilares, del Olimpo divino,
reina de los mares, que pintas el alba con tu cabello ambarino.
E hija de la plateada Luna, que te bañó en sus aguas de luz, mansa y pura,
tus luceros infinitos, inauguran una ilusión entre mi profunda amargura;
 
cautivando mi ser, en un instante que es eterno,
es por una causa celestial anhelar bajar al infierno.
Como si un comienzo, fuera una despedida, como si la muerte fuera vida.
 
Como si la esperanza, jamás se hubiese dado por pérdida.
Porque me cazaste con tu saeta certera, como a un inocente ciervo bebiendo en una rivera,
y ahora es el viento, tu insólita plenitud, pero enajenó la espera de mi inquietud.

III

Dime, ¿por dónde estuviste vagando todo este tiempo sueño del alma?
Porque desde Roma, hasta por donde se lamentó Van Zandt, viajé buscándote por todos estos años;
y antes de mirarte, te conocí, en los más maravillosos de mis sueños.
Oh, a ti, solo a ti, anhelado Sol que a mi barca entre tormentas traes la calma.
 
Eres brisa del persa, que trae al aedo esperada iluminación,
eres aurora, que de las profundas tinieblas salva mi corazón.
Porque como si de mi jaula, hubieses abierto la puerta, como si estuviese perdido en una isla desierta,
yo solo absolutamente nací, para contemplarte navegar hasta mí.
 
Y tal vez soy yo mismo, quien me coloco al cuello la horca,
pero no quiero perecer mudo, como lo tuvo que hacer Lorca.
Solo anhelo que arrastre hasta tus pies, la negra marea;
 
para que nuestro ciego amor, por fin pueda mirar,
del fresco y amplio Mar Caribe, la divina y preciada tea,
que encienda la blanca luz; de tu noble alma al amar.

IV

Y ahora ya lejos, en algún fausto lugar has de encontrarte,
mientras yo solo anhelo, una vez más admirarte.
Porque, aunque deseara con todo mi ser,
tener el valor, de jamás volverte a pensar,
 
solo espero que caiga la noche, para no ver,
y así quizá; tener la suerte de poderte soñar.
Porque fuiste caricia del viento, de una sola y eterna vida,
cual una hermosa y extraña sinfonía, que no se olvida,
 
pero que se va perdiendo, como una silueta en la lejanía de la memoria,
cual una herida, fatalmente caída ciconia.
Porque si pudiera suplicarle un único deseo a la mar; que es mi funesto destino,
 
sería; que antes de hacia la vida claudicar, te colocará una vez más en mi camino.
Para así, poder contemplar por última vez, esa ardiente mirada; rompe alborada,
y que en ese mismo instante, feneciere anonadado, porque tus ojos me dejasen el corazón, petrificado.                                                                                

V

Y la eternidad, en un pozo no me importaría,
ni tampoco vagar por el mundo sin los ojos,
abriendo por mil años, herrumbrados cerrojos
que de alguna manera mi muerte dignificaría.
 
Si tan solo no fuera agua de las fuentes,
que intenta rescatar la luz de los ponientes.
Si tan solo no llevara el alma enamorada,
no me importaría la vida, la muerte, ni la nada.
 
Porque (si me lo permites), lucharía en la obscuridad infinita del Hades, por encontrarte
como lo haría en ese, este, y en cualquier otro mundo,
nadando hasta el océano más profundo,
 
para demostrar por prueba divina, lo que para mí es el amarte.
Aunque tuviese que arrastrar mi cuerpo por la tierra; hasta dar con el último aliento,
y que sobre un litoral abandonado, no quede nada más, ¡qué mi juramento!

 


 

Monedas

 

¿Cuántas monedas debemos dejar
por nuestros rotos bolsillos caer?
Para como los ciegos aprender
que antes de caminar, hay que escuchar.
 
¿Con cuántas piedras he de tropezar
para empezar a mis pasos prever?
¿Cuál infinito me impide mirar
siempre lo que jamás logro encontrar?
 
Antílope que no se ha de esconder,
por la arboleda que no he de pisar.
¿Ítaca es, a la qué no he de llegar
 
mientras haya sirenas qué vencer?
Porque jamás podría padecer,
el que me dejes un día de amar.

 


 

Delirio

 

¡Mientras mirando continúe al ente
qué se encuentra a mi espera sobre el puente!
Mientras pueda escuchar el gran rugido
que viene desde el bosque y hasta mi nido.
 
Mi alma jamás encontrará el consuelo,
oculto sobre tierra y bajo cielo.
Mientras siga esperando la llamada,
de una trompeta fuerte y enajenada.
 
Mientras este vagando por el río,
con miedo provocado por su brío.
No podré derrotar a los gigantes
 
que dicen; -"hace diez milenios antes
lo hiciste, mira la tarde llover
sangre. ¡No eres, lo qué solías ser!"

 


Sigue al autor:

@lovesun_cole

 


Lovesun Andrey Cole Zamora (Carmen Central, Costa Rica, 2000). Es estudiante en la Universidad de Costa Rica; Bachillerato, en la Licenciatura en la Enseñanza del Castellano y la Literatura. Ha compartido la poesía de la que es autor en su contexto como en el Liceo de Moravia, donde fue ganador del FEA en el año 2019. Ha incursionado en la música desempeñándose en los instrumentos de guitarra, armónica, piano y violín. Es locutor certificado por el MICITT, por el Instituto De La Comunicación en San José, Costa Rica. Además, también tiene experiencia certificada en Teatro al formar parte de la obra llamada “El Psiquiatra”, una puesta en escena que se llevó a cabo en diciembre de 2019. 

 

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