Elpidio González | SELECCIÓN

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Aeralista
 
El verano no es lo único que me arroja al mar.
También están los ojos de los peces,
la somnolencia del sonido y de la luz,
el grito vuelto cápsulas y agua.
 
Tal vez por eso te levantas sobre el mundo.
Recámaras, veredas y ventanas
son flores arrancadas a la tierra.
Sé que sientes el jalón en los tobillos.
La gravedad es un puñado de manos rotas.
 
Tu cuerpo comprimido sobre el suelo,
cada músculo prendido en sangre
y una criatura en el vientre del vacío.
Sigue subiendo. ¡Sube, sube!
Y cuando ya no puedas más
mira hacia abajo,
mide la altura con cautela:
no vaya a ser que sobrevivas cuando caigas.
 

 
Velocidad de obturación
 
Hay que parpadear lo menos posible,
dejar abiertos los ojos por la noche,
aunque los granos de arena
se incrusten en la mirada
como cristales rotos.
Ya habrá suficientes lágrimas y lluvia
mientras se incendian los potreros
bajo la muerta luz de las estrellas. 
 
Dentro del monte,
el mundo duerme
y una lechuza vuela entre las ramas.
 

 
Carta de navegación
 
La luz es precisa.
Se encadena
un millón de veces
a las ñangas,
a esos nudos
que la vida ofrece
al mar y al lodo.
Afuera,
el agua es fuego y mediodía.
Es la petrificación del canto
de un gavilán mangotero.
Es la sustancia de un poema
detenida entre las manos.
Es un cadáver que pesca
por las noches,
que llena el frío
de la madrugada.
 
Entre la sal y los mangles,
no hay sitio para unas piernas:
todo es luz.
Aquí se camina con los ojos.
 

 
Noctámbulo
 
En el aire,
suspendida,
una palabra mía aleteando.
No sé decírtela ya.
Dejo que crezca un poco más cada noche
para ovillarme en sus alas.
Tal vez un día
el batir de su vuelo
resuene tanto como el mar
y al fin me alcance
para cubrir tu piel
con sus alas grises.
 

 
Canción de marinero
 
Tu piel se trepa al cuerpo de la brisa.
Olas sencillas nacen de tus manos.
Las montañas entierran sus raíces.
Los pájaros del mar y de la selva
agradecen las ondas.
Cuando el mundo se mece,
tú te entregas y empiezas a cantar.
 

 
Epitafio en una playa
 
Escribo este poema
para preservar tu risa
entre el sonido de las olas.
 
Sé que un día
ya no podré reconstruir mis huellas
a la orilla del mar,
pero quizá entonces
alguien pronuncie estos versos
con los pies hundidos en mis pasos
y entre el rumor y las palabras
tu risa
desde mar adentro
se estrellará otra vez sobre la arena.
 

 
Cuerda para pescar
 
En el extremo de una cuerda
los pescadores atan
un dolor inminente.
Es una puñalada que relumbra,
una lámpara que estalla en los potreros.
Sus dedos fabrican nudos,
también llevan el pan a la boca.
La saliva, de cualquier modo,
será agua convertida en vino,
será vino convertido en sangre.
 

 
Evangelio
 
¿Por qué le temes al silencio
que viene llegando a paso de madrugada?
¿Acaso hay algo más natural
que una palabra partida en la mitad de su sonido?
 
No queda mucho por decir.
Inventar, quizá, una sílaba
para el rumor de las estrellas
sobre la cresta de las olas.
Atreverse a escribir
esto es todo
y luego quedarse callado.
 
No queda mucho por decir
y lo diré:
para que las silabas se chamusquen,
para que las palabras iluminen
los ojos que se ocultan en el monte
basta el límite de un verso,
basta invocar al Verbo y la candela.
 

 
Epigrama
 
Mientras el mar
irrumpe con sus olas
en las caderas del mundo,
tú desperdicias la luz
con las letras frescas
de un periódico baldío.
 

 

Elpidio González Aguilar (Santiago de Veraguas, Panamá, 1995). Licenciado en Economía por la Universidad de Panamá, actualmente es becario SENACYT-IFARHU y estudia una Maestría en Economía Agraria en la Universidad de Buenos Aires. Publica su primer cuento, Perder la cabeza, en la Revista Maga Vol. 78. Con la obra Arroz quemado, ganó en 2016 el primer lugar de cuento del certamen organizado por el Instituto Panameño de Estudios Laborales (IPEL). En el año 2017 gana el Concurso Nacional de Cuento José María Sánchez con la colección Breve manual de urbanidad y etiqueta, publicada por la Editorial de la Universidad Tecnológica de Panamá. También gana el Concurso Estudiantil Universitario de Poesía de la Universidad de Panamá 2018 con la obra Detrás del mar. Forma parte del colectivo Masa Crítica.

 

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