Mar Alzamora-Rivera | ESPACIOS VACÍOS

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ESPACIOS VACÍOS
 
A veces la idea de tenerlo todo
para llenar un espacio lleno de espejos
es más sencilla que reflejarse en ellos:
 
Las voces de otro corazón latiendo en Nicaragua,
una casa nueva,
un trabajo de explotación masiva,
la soledad a media luz,
y un posible nuevo temblor innombrable
durante un aguacero.
 
Todo.
 
Todo se refleja en las manos que tocan
Ese espacio.
Espejos que estallan y se incrustan en ojos
que no saben ver más allá.
Así dejamos el vacío más que vacío.
 
Nada y silencio.
 

 
Estoy bajo la sospecha de que
el sabor que llevo en la boca
no es el tuyo,
sino del tiempo robando la miel
de todo lo que toca a su paso.
 

 
BICICLETAS
 
Hoy lo sencillo nos abriga,
la luz rompe desde adentro.
Así son las cosas y su brevedad:
todo disperso y aquí a la vez.
La casa del árbol vacía,
su tronco seco por otras causas.
Ambos se ordenan cuando la vida busca
encenderse.
 
Voy dejando atrás mis viejas pertenencias
dedicatorias amarillentas,
canciones sin terminar
con voz maltrecha.
Al fin y al cabo, lo que era:
El amor y su peso.
Mi corazón ya no anda en bicicleta,
ni esparce semillas desde su vientre.
 
Bicicletas:
Cosas insignificantes que crujen y
nos oxidan por capricho.
Pedazos de sol,
rincones de horas imposibles
disfrazadas de objetos ausentes
privados de plumajes.
 
A veces desearía ser gaviota,
seguir creciendo,
alejarme de todo lo que rime
con su nombre.
Por ejemplo,
esconderme de su niñez de orejas grandes,
con pantalones azules,
pasos pequeños y la felicidad
como una mueca.
 
Sus padres y hermanos posando
afuera de la primera casa,
imagen que narra los abismos,
la pobreza de hace años,
alamedas que crecen como parches,
los puentes colgantes de los apellidos,
 
Única posibilidad de ver si,
de una vez por todas,
el azul vuelve al azul
y desaparece.
 

 
PUESTA EN ESCENA
 
Esta foto,
síntesis de nuestros días.
Extraños con ojos difusos,
cuerpos en movimiento
como moscas.
Quizás regrese a ella
cuando intente recordarte.
 
Dentro del lente
viven esas horas de gloria…
Como en la foto:
Sonrisas al vacío,
cegadas por la tormenta.
  

  
AUGUST AND EVERYTHING AFTER
 
Este es Federico.
La luz desde la esquina del cuarto,
guitarra muda.
 
En otra foto
ella acostada mirando a la cámara,
sonrisa a media.
 
Por mucho tiempo deseé que ese
instante fuera eterno.
                         Para
                         que
                         volvieras.
 
Cabellos de pinceles y brochas.
Las trenzas de Federico iluminando
 la terraza.
                           Yo,
             en el suelo.
 
Piso de madera,
las fotos del hermano colgadas
en la casa de los padres,
lo templado de la ciudad
filtrándose
desde la ventana.
 
Ya ninguno de esos nombres
regresaron a mis días,
cosas simples que se extinguen
después de tanta intimidad.
 
Esta es una foto velada,
Alguien la abrió a destiempo.
 

 
CAFÉ DE LOS DESEOS
 
Este lado del mundo volvió a su cauce:
Teñí la hierba de violeta;
también al viento.
Finalmente.

Por eso debo hacer crecer mi cabello
hasta que le nazcan caminos;
dejar sin resolver cajones bifurcados.
Recordar que lo parchado y las agujas
nos llenan de charcos
en su momento.

Negar salvaciones
en una noche
o en todas.

Ser alfombra y cobija
y todo lo que alumbra.
 

 
GRIETAS
 
Se pueden ver, irremediables.
Las grietas que dejaron los sismos
en las comisuras
de ese tiempo naranja
y fugaz.
 
No sé qué recorre ese surco,
pero de seguro no son mis dedos
los que acarician la llaga.
 
Quizás es un je t’aime que se raja después
del temblor.
 

  
RÉVEIL
 
“Dame tu mano, paloma, para subir a tu nido,
me han dixo q durmes sola, vengo a dormir contigo”.
Canción sefardí (Anónimo)
 
 
Por más que trato de leer sueños exacerbados
no logro comprender todo lo que estuvo cerca.
Sueños, por ejemplo, de pasos famélicos
cruzando las vías de los trenes que iban rumbo
al norte.
 
¿Qué hacer si no puedo leer el sentido del tiempo
en el reloj de pulso que se quebró hace años?
¿Qué hacer si no sueño más que con los espantapájaros
con la compañía de una cama en calma?
 
Lo único que siento en este susurro es una torreen
El mar,
Con un balcón cansado y nostálgico.
 
 
Desde el balcón el corazón de una mujer
a punto de amar,
explota.
 
 
La luna creciente preña a los marineros.
Desde el balcón, yo deseo
y más allá.
 

 
TRANSFUGURACIONES
 
Reflejos
que se encienden y me convierten
en canción cada vez
que te moldeas a mis garras asesinas
y aúllas.
 
Colmillos
que me rasgan la conciencia.
 
Que me desfiguran.
 
¡Sígueme!
 
Volvamos a mi cueva
Circundada por sangres y punzadas,
aquellas que me resucitan
cuando vuelves a mi pubis
en la otra forma de ser tú.
 

 

Mar Alzamora-Rivera (Panamá). Contrabajista, artista sonora, escritora y gestora cultural. Su investigación artística se basa en caminatas sonoras y la improvisación musical a partir de partituras etnográficas. Su libro “El día que no tuvo noche” fue publicado bajo sello El Duende Gramático y el resto de su trabajo poético se puede encontrar en antologías y revistas literarias a nivel mundial. En el 2019, estrenó su primer álbum de poesía sonora.

Co fundadora y contrabajista del grupo de cámara Paisaxe, cofundadora del Festival de Artes Electrónicas ArtTIC y coorganizadora del Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, también ha servido como coordinadora, curadora y asesora cultural para múltiples instituciones y festivales. Actualmente colabora en los #AtelierTalks del Atelier Cultural y en la plataforma de Música Experimental Latinoamericana (MUSEXPLAT) en la cual escribe reseñas sobre las nuevas producciones musicales innovadoras en Latinoamérica. Candidata a la Maestría de Artes Contemporáneas Interdisciplinarias en la Simon Fraser University (Vancouver, Canadá). Website: www.maralzamora.net

 

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