Daniel Araya | ANTIMUESTRA

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CRONÓMETRO
 
Solo necesito un milisegundo para decir esto
...
Ya, se acabó:
 
Alguien ha muerto;
el silencio repentino
le recordó a mi vecino
que no ha pagado la electricidad.
 
Una pareja acaba de coger otra vez
sin amarse.
Posiblemente, una bacteria acaba de dar
un paso clave para nuestra destrucción masiva.
 
Vos lo has perdido leyendo esto
y yo, sigo sin entender cómo frenar más tarde
en las palabras, los kilómetros y la vida
sin pasarme.

 


 

USO ERRADO
 
El problema del amor
es buscarlo como pastilla,
como salvoconducto;
como carta de libertad.
 
El problema está en comprar el fruto
en vez de sembrar la semilla
y guardar para el invierno.

 


 

TUERCA AUSENTE
 
Falta una tuerca en el edificio.
Quedan segundos para que caiga
entero, desde los cimientos.
Cuando pase, una casa se destruirá
bajo el peso de la torre.
Habrá una empresa con un edificio caído,
una denuncia en su contra y otra por hacer.
Perderá los tres pleitos y cae en bancarrota.
Sus inversionistas también quiebran.
Empiezan las dudas en todas las constructoras
y en todas las empresas.
Las bolsas de valores caerán.
Habrán cierres y caerán empleos.
Los gobiernos (y esto no cambia)
buscarán antes salvar a los empresarios
que a la gente.
Habrá movilización, caos, rabia,
crueldad policial, saqueos, más hambre,
más pobres, más caos, más rabia, más...
Caen otras industrias, todo se quiebra
en los cristales de la multitud ciega.
Muertes masivas. Suicidios, crueldad, hambres,
idealistas que no toman el acto,
actantes sin ideales reales más que una cuenta llena.
Entre heridos y enfermos, la sanidad colapsa.
Muertos en las calles, ante el garrote de una
esfera que se niega a morir.
Las revoluciones fracasan, aún sabe matar
ese garrote.
El uroboros muerde su propio ojo.
No quedan recursos y solo viven quienes
nunca supieron hacer algo, sino explotar.
La sangre pavimenta el paso de los truenos;
muere de hambre la naranja con melena.
El canto del grillo es la última bala disparada
sobre la tierra
y nadie le sabrá echar la culpa
a una tuerca que tengo en mi bolsillo.

 


 

UBICACIÓN DESCONOCIDA
 
No quiero
               que me duela el
                                        pecho cada vez que
                                                                       avanzo
Pamela Monge
 
Si haces la lectura correcta;
en ciertos ojos, hay una certeza
—temor—
más grande que la muerte:
la caída.
 
¿Dónde y con qué se cae?
¿Tiene el enemigo un nombre?
¿Tiene figura de cuerda, abismo,
ahogamiento, píldora o espiral?
 
Hay cuerpos con las costuras hacia la nada
y sin mayor ancla que el miedo.
Caminan, o no lo hacen.
Se despiertan o pasan siglos
—solo los necios las llaman horas—
esperando que muera el abismo, ellos mismos
o las dos cosas.
Andan, o se arrastran, o solo resisten.
 
Estar en el suelo
                          ante el huracán
requiere, en ocasiones, todo el poder del mundo.
 
A veces resucitan;
En otras, gritan.
Los rumores se descartan:
no es cobarde quien cede.
 
Caen. Ayer lo hicieron y mañana
lo harán otra vez.
No saben dónde, ni con qué.
La misma piedra
                           una roca nueva
                                                   una cáscara de memoria.
A veces les duele el pecho;
se dan una palmada
y, ante la tormenta
quedan quietos
se caen
gritan
avanzan
son.

 


 

ANTIMUESTRA
 
¿Cuándo consideraron buena idea
pintar de negro las entradas?
 
No hay enmarques, ni pedestales.
Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Pero no mentiré: me gusta ese concepto
de exhibir al desnudo;
como mi velatorio de anoche.
 
A ver.
Esos pies marinos tienen una uña encarnada
y los pies del niño tienen quemaduras de tercer grado.
Ese gato no se paralizó: está muerto.
¿Nadie recogió los rastros de vodka ni la bala?
¡Ese libro ya está tan sucio!
 
¡No todas las heridas curan, carajo!
Al final, aquel muchacho saltó del autobús:
cayó de cabeza.
Muchas veces, se necesita más que abrazos
para suturar las heridas.
no lo digo yo, ¿lo hace mi evidencia?
 
Dicen que fui el artista;
no lo ignoro, lo descarto.
Nunca he tenido ojo para el arte,
solo veo el dolor en él.
Miente quien me llama artista.
 
Pero la muestra no es ni la mitad
del contenido real. Creo saberlo.
Ojalá la destruyan con dinamita;
pronto.
Quien quiera que sea el artista,
ojalá se desdiga y haga más.
 
¿Y cuándo consideraron buena idea
pintar de colores las salidas?

 


 

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Daniel Araya Tortós (Costa Rica, 1988). Estudiante de Filología Española en la Universidad de Costa Rica.

Integrante actual de Otro Taller Literario en Costa Rica. Varios de sus textos han sido publicados en revistas como Altazor, Norte/Sur, Campos de plumas y La libélula vaga. Además de aparecer en las antologías Y2K (Editorial Estudiantil de la Universidad de Costa Rica, 2019), Nueva Poesía Costarricense (Ministerio de Cultura y Juventud, 2020) y el fanzine de Otro Taller Literario (2020).

Actualmente, es parte del equipo editorial de Nueva York Poetry Press, editorial con la cual publicó Reposo entre agujas, su ópera prima, en el 2019.

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