Jorhan José Chaverri Hernández | SELECCIÓN

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Mutación del tiempo
 
Así comenzó sus andares
por el espejismo utópico del “nosotros”:
una dócil marioneta cronometrada,
muñeco de camuflados alfileres.
 
Hombre soñoliento de aromas,
sometido a tertulias insípidas
que resuenan el mismo tic-tac
en el tiempo carente de quehaceres.
 
Desearía no ser ese hombre
con arrugas en el alma
­gritaban mis ojos ante la vida.
Pero detuve las arenas del ayer
y domé las agujas del destino.
 
Ahora controlo los pálpitos
de este marcapasos moribundo,
reloj que despierta;
mientras se desvanece tu manipulación
en las cadenas de mi memoria.
 
Soy fiera indómita de placeres.
Ahora pisas mis huellas
y mi reloj grita tac...tic-tac,
pero lo hace en silencio.
 

 
Fiel amiga
 
Si ella pudiera hacer plegarias a la luna
no le alcanzarían las cuentas del rosario
ni serían vastas las gotas de los ríos
para la sed de sus noches en vela.
 
Siempre muda en los rincones del tiempo,
esperando por mí en cada crepúsculo,
ella agoniza mis lamentos registrados
en la sombra plateada de mis hebras
que destellan con el testimonio del cielo.
 
Encierra entre sus párpados infinitos
los intentos de engañarla ante sus ojos,
fracasos eternos que ya no resiste;
pero sufre más con mi sombra empalagosa
que no la suelta ni en su descanso del día.
 
Si ella, cómplice de esta esquizofrenia
que sangra en mi pecho,
cantara a capela el eco de mis ojos,
inundaría los mares
con letras de otro nombre.
 
Si ella hablara, mi soledad,
silueta fiel en las esquinas del aire,
el silencio sufriría.
 

 
Pedaleando recuerdos
 
Aunque condene el tibio mañana,
el desenfreno de mis labios se acelera
en las curvas ciertas de las palabras
omitiendo señales, desastre pretérito,
veneno de mis lunes y sábados.
 
Hoy te vi pedaleando las horas
y tu sudor insinuante de domingo
reencarnó memorias enterradas en el asfalto.
He vuelto a desearte en lunes
para derrapar mi lengua por tus pechos,
olvidando ese sábado en declive
que vuelca mis sueños.
 
Acrobacias lujuriosas encendieron mi memoria:
mi espalda como manubrio en tus garras
al caer en baches orgásmicos del tiempo,
tus quiebres de cintura inundando mi rostro
hasta culminar el rodaje de mi lengua.
 
Los ojos seguían el mecer de tu cuerpo
como el colchón a nuestras noches,
hacia la pendiente de amor
sobre estas bicicletas
pintadas de poros sin ruedas.
 
Cómo olvidar tu figura,
campo traviesa de mis días.
 

 
Peticiones
 
No acostumbro esperar al viento
ni sentarme junto al árbol para entender la tarde.
Soy quien corre contra las olas del tiempo
buscando las verdades
que se ocultan en las piedras.
 
Pero si tuviera que gastar la magia
que se acumula en la nubes
sería el más listo entre los hombres.
 
Le dejaría a Dios lo más complicado,
el crearte mía con el molde de mis sueños
en este mundo ausente de propiedad privada.
 
Y si el reloj me concediera un deseo,
te convertiría en una hora
que repita mi tiempo.
 
Mi egoísmo atravesaría el cielo
para pedirle al sol no apagar la vida,
hasta que cumpla con mi reencarnar
en la polución de tu cama.
 
Probablemente ofenda a la Parca
al pedir su permiso para acabar en secreto
con todos los que profanen
lo inmaculado de tu cuerpo.
 
Si he de pedirle algo a la luna
serían los besos de aquellas noches
que nunca acariciamos.
 
Y a ti...
a ti te pediría el veneno
que lleva a la muerte entre tus piernas.
 

 

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Jorhan José Chaverri Hernández (Puntarenas, Costa Rica, 1993). Es Licenciado en la Enseñanza de la Matemática, graduado y docente de la Universidad de Costa Rica. Es miembro del Grupo Literario Poiesis desde marzo del 2019, grupo con el que ha participado en recitales de poesía y cuento. Publicó su primer poemario Fragmentos del latido en el año 2020 con Poiesis Editores. Actualmente trabaja en su segundo poemario.

 

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