Luis Benítez | SELECCIÓN

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determinaciones
 
los romanos saltaban sobre una espada
los vikingos viejos se sentaban en medio de la nieve
los punks de los 70 lo hacían más despacio
los chicos franceses cuentan minuciosamente
las 50 pastillas de paracetamol
y esta ventana que me espera atenta
con su gran boca abierta de 11 pisos de profundidad
se pregunta qué clase de cobarde es este
que vacila incluso en caso de tan extrema necesidad
cuando la generosidad del vacío
apenas necesita del salto final desde una silla
objeto que siempre será
mucho más amable que una espada
 

 
haute couture
 
no hay profesión peor
que la de los diseñadores de moda.
esos que dictaminan convencidos 
si para esta prolongada temporada
el largo de los versos
debe llegar hasta la rodilla
o bajar hasta los tobillos.
sus agrias mannequins desfilan luego
por todas las pasarelas disponibles
semejantes a enormes frutillas
—un gran salmón encarnado
trastabillando sobre altísimos zapatos—
o parecidas a ridículas cacerolas vueltas abajo
listas para el prometido aplauso
de la repetida tediosa novedad.
si el “cómo” debe estar medio desnudo
si corresponde que se vea el “qué”.
sus creadores aseguran que de haber sido invitados
homero y t.s. eliot dirían “está bien”
y casi ninguno vacilará en aceptarlo.
en todo asunto el dictado de la moda
es la peor cosa de este mundo.
 

 
maldición eterna
 
nos dotaron de predisposición a las caries
nos inculcaron toda su tristeza
cada frustración nuestra fue un destello
de ajenos asuntos ocurridos en 1950
fuimos el resultado de una noche de cerveza
de una reconciliación tras pelear por los impuestos
una infidelidad sorpresivamente descubierta
 
nos dieron la réplica de sus horribles infancias
la adolescencia avasallada por los reyes
la madurez resentida de tan pesada herencia
la vejez fotocopiada de sus dos rostros cansados
mirándonos fijamente desde las lápidas
 
ninguno pensó al entrar a la cama
en que un crimen apretaban entre sus brazos
 
ah y el cuento del amor
el amor de los padres por sus hijos
de los hijos por sus padres
la coartada
 

 
la única serenidad posible
 
ya las cosas del día van ocupando gradualmente
el espacio de las de la noche       abriéndose
desplegándose como las flores de papel
lo hacen en un agua infinita
y es la luz     vieja amiga del hombre
la que espanta los rostros que esperaban en los rincones
hasta acabarla mordisquea esa mano que andaba por las sábanas
impide que veamos a otro al volver la cara
y el hastío         el bondadoso hastío
desciende satisfecho sobre nosotros
otra orfandad de sucesos promete el día
 

 
sobre la necedad de los cuentos de hadas
 
los buenos casi nunca ganan.
el amor es más débil.
por lo habitual ni tarde ni temprano
se hace justicia y el tiempo
no es capaz de curar
ni la más mínima herida.
¿pero qué sería de nosotros
-comprende, estima y valora-
sin los cuentos de hadas?
 

 

Luis Benítez (Buenos Aires, 1956). Es poeta, narrador y ensayista literario. Ha recibido numerosos premios nacionales e internacionales por su obra literaria, entre ellos el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); el Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996) y el Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2007). Sus 36 libros de poesía, ensayo y narrativa han sido publicados en Argentina, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Italia, México, Rumania, Suecia, Venezuela y Uruguay.

 

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