Antonio Teshcal | SELECCIÓN

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INVIERNO
 
I
 
QUEZALTEPEQUE
primitivo, poético,
                               universal, divino.
Donde los amantes disparan
llagas, besos, rayos.
Aquí mueren novios sin olvido
que en su agonía resucitan
en otras habitaciones
que dan a las mismas calles
rojas de sangre
y labios encendidos.
 
No hay vereda ni avenida
sin corazón enmudecido.
Ni esquina sin frutos no planeados.
 
Avanza el pueblo sobre el polvo,
lleva sus piedras a los últimos refugios
para quienes adivinan
el canto en los gemidos.
Los golpes, las carcajadas:
lo que más nos vive
lo que más nos mata.
 
Hizo la sangre su asfalto.
Los truenos habitan a diario
nuevos cadáveres.
Entre tantos muertos
los extranjeros se asustan
de nuestro rostro sereno,
la carcajada libre, conciliada
con la noche inhabitada
y el mañana de esperanzas.
 
Somos más allá
donde se recuerda el río
donde las piedras erupcionan
su negro grito,
donde el cheje divino
canta la memoria desnuda, y la vida
se entiende con la oscuridad
acumulando cicatrices
para su próximos hijos
                                      de dolor y belleza.
 

 
XVIII
 
ME trajo el invierno
tu eclipse lunar.
Recuerda:
crepitará mi nombre en cada lluvia
de hoy en adelante,
buscando hidrofóbico tu sal,
a humedecer todos tus granos sedientos,
a extraer los bosques mutilados
guardados en el corazón del hombre
para que presencies la tierra que no olvida
y sobrevivas en la memoria de todos los dioses.
 

 
XXXI
 
SI te mostrara
humo a humo, dolor a dolor
la cosmogonía humana
de mis parvadas en el norte,
las conquistas en mi soledad terrible
después de cada noche,
mis besos extraviados
en la ceniza que me arrebataron,
el desasosiego en medio del mundo
que me orilló herido a los versos,
a la búsqueda en la sangre antigua,
para regresar de la memoria
iracundo de fuego
a matar mis miedos
con este cuchillo de piedra
que continúo afilando a mi paso.
 
Si te mostrara la marca que elegí,
todos los caminos que me recuerdan
preguntando por tus ojos
a cada oscuridad y cada espiga.
Los huracanes con mi nombre
quiero besarlos con tus manos.
 

 
XXXIII
 
SIN dudar vine a dar sitio
a todos mis objetos sagrados.
Acomodé todas mis joyas en tu nombre:
mis tiestos, mis puntas de lanza,
la poesía circular y mis heridas.
 
Nunca vi mi mañana
materialmente pulsante.
No vi donde soy
ni bajo que tormenta.
Pero te vi
apegada a mi árbol
defendida en mi piedra.
 
Entonces sacudí mis secretos
y en lluvia quise mostrarte
todo lo indecible de Mí.
Te pedí la mano, tus heridas,
                                                y te fuiste
dejando ciega mi boca,
en fuego de lágrimas
mi desnudez de pájaro en equinoccio.
 

 

Antonio Teshcal (Quezaltepeque, El Salvador. 1984). Se licenció como médico veterinario zootecnista en la Universidad de El Salvador. Trabajó en el área de microbiología, actualmente es catedrático de química, y miembro de la Red de Investigadores Salvadoreños (REDISAL).

En literatura es ganador del 1° lugar, en la rama de narrativa, del Certamen de Creación Artística “Arte Ibídem” (2004); Premio Único de Poesía en los XVIII Juegos Florales de Santa Ana (2009); primer mención de honor en el Primer Certamen de Poesía “Ítalo López Vallecillos” (2016); y ganador del III Certamen de Literatura Infantil “Maura Echeverría”, en el género de narrativa (2019). Muestra de su obra ha sido publicada en las revista Ars, Malabar, y Agüero, y el Suplemento Cultural Tres Mil, donde ha publicado ensayo y artículos de opinión. Obra poética publicada: Invierno (2009) y Péndulo (2015).

 

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